Blog Fundació Joan Miró Fundació Joan Miró

El LACMA (Los Angeles County Museum of Art) es un caso de estudio de museo que se ha abierto al público joven y a la comunidad local y que ha priorizado la experimentación y el aprendizaje colectivo. Su programa Arts for NexGen ha tenido un fuerte impacto en un entorno socialmente muy diverso.

Anna Fabra, gestora cultural, fundraiser y consultora independiente, se ha sentido especialmente atraída por este caso. Vive en Los Ángeles y es visitante habitual del museo. Más allá de la experiencia como usuaria, ha querido profundizar en las razones del éxito del proyecto y plantearse cómo podría trasladarse una experiencia similar al contexto barcelonés.

© Museum Associates/LACMA

Arte para las próximas generaciones

Según el ICOM, creado en 1946, la definición de museo ha evolucionado a lo largo del tiempo en función de los cambios sociales y, desde entonces, se ha actualizado siete veces. La última modificación, de 2007, conocida por todos, dice:

«Le musée est une institution permanente sans but lucratif, au service de la société et de son développement, ouverte au public, qui acquiert, conserve, étudie, expose et transmet le patrimoine matériel et immatériel de l’humanité et de son environnement à des fins d’études, d’éducation et de délectation».

Las versiones idiomáticas del propio web del ICOM ofrecen un par de errores de traducción, uno de ellos sintomático. En cuanto a los fines, en inglés leemos «purposes of education, study and enjoyment»: la educación se pone en primera posición. Y en castellano, «fines de estudio, educación y recreo»: se habla de recreo, un término con connotaciones de entretenimiento y diversión, en vez de deleite, que tal vez sería una palabra más precisa para hablar de los placeres del alma o de los sentidos a los que hacen referencia los términos en francés e inglés.

Los museos han cambiado mucho en las últimas décadas y se han ido abriendo al público para deshacerse del dejo académico y elitista que los caracterizaba. En años de crisis y de recortes sangrantes en cultura, los museos han cumplido como han podido con sus objetivos de conservar y difundir el patrimonio, algunos poniendo el acento en el estudio, otros en el deleite o el goce (y, ciertamente, también en el recreo), pero diría que menos han apostado por el museo como agente educativo.

El caso del LACMA

A principios de los años noventa, el LACMA (Los Angeles County Museum of Art) sufría una crisis importante y, tras cuatro años sin liderazgo efectivo, Andrea L. Rich fue nombrada presidenta para enderezar la situación. Proveniente de la UCLA (University of California, Los Ángeles), donde había ejercido de profesora de estudios de comunicación y, posteriormente, de administradora, Rich cambió el modelo de gestión del LACMA y le dio un nuevo enfoque: el museo tenía edificio y colección, pero no había conectado con su comunidad y necesitaba llenarse de sentido. Así pues, con un gesto sencillo pero cargado de significado, modificó la misión del museo para recoger también su deber de crear «experiencias educativas, estéticas, intelectuales y culturales para un público lo más amplio y diverso posible». Toda una declaración de intenciones.

Para Andrea L. Rich de nada servía adquirir y coleccionar grandes piezas de arte si el museo no era capaz de ofrecer experiencias relevantes para el público, especialmente el joven, que es su futuro. Creía que los museos que relegaban los departamentos educativos al último eslabón del organigrama no estaban a la altura de su responsabilidad, especialmente los que recibían subvenciones públicas. En este sentido fortaleció los vínculos entre el museo y las instituciones educativas, y encargó el proyecto  Arts for NexGen con el fin de hacer el museo más accesible a los jóvenes y a las familias, de fortalecer su sentimiento de pertenencia y conexión con el LACMA y de abrir las puertas a una comunidad socialmente más diversa.

© Museum Associates/LACMA

Partiendo de estas premisas y del trabajo entre los departamentos de Educación, de Marketing y de Miembros, en primer lugar se creó una  categoría de miembro gratuita para todos los jóvenes menores de 17 años, que les permitía llevar también de forma gratuita un acompañante adulto.

NexGen capta entre 10.000 y 12.000 miembros nuevos cada año y cerró el año 2016 con 234.016 miembros. Sin embargo, a pesar de estas cifras de vértigo el objetivo del programa no es la cantidad sino la calidad de sus propuestas, que ponen en valor a las conexiones personales con el arte mediante tres pilares básicos: mirar el arte, hablar de arte y hacer arte.

Talleres con artistas, sesiones de dibujo  en las salas, cuentacuentos que relacionan las historias con las obras, visitas bilingües inglés-español, visitas para adolescentes guiadas por adolescentes, etc., son algunas de las propuestas de NexGen. Pero, sin duda, la joya de la corona es la Boone Children’s Gallery  (el año pasado atrajo a más de cien mil visitantes), un espacio-taller situado en la galería de arte coreano y chino, abierto en horario de museo, donde jóvenes y adultos pueden pintar en mesas comunitarias con pinceles y pigmentos propios del este asiático; no se necesita cita previa, no hay límite de tiempo —solo los días de puertas abiertas se limita a treinta minutos— y, si se desea, se pueden dejar las piezas colgadas en la misma galería. El tiempo de calidad, así como contar con un espacio permanente para la experimentación y el aprendizaje colectivo, es clave para que las vivencias sean únicas y valiosas.

© Anna Fabra

En 2011, el LACMA encargó un estudio para medir el impacto social  de Arts for NexGen y los resultados indicaban que, en poco más de una década, el museo se había convertido en un recurso relevante para una generación de visitantes con un perfil más diverso.

¿Qué podríamos aplicar al contexto de Barcelona?

Por todas partes tengo la percepción de que los museos de ciencia, tecnología o historia natural son más accesibles a las familias y a los jóvenes que los de arte, y creo que, en parte, tiene mucho que ver con el grado de participación que tienen en ellos. En los primeros, la experimentación se garantiza por propia exposición interactiva de las colecciones y «tocar» es necesario para aprender; los segundos, en cambio, a pesar de tener una oferta educativa cada vez más variada, aunque conservan un cierto dejo elitista y el aura del «no tocar» que a menudo los relega a la obligada visita con la escuela o a un ocasional taller familiar. Pese a que los departamentos educativos han hecho muy buen trabajo, los museos de arte todavía no son vistos como un recurso de ocio familiar recurrente. La falta de espacios permanentes donde se pueda experimentar (y reflexionar) con el arte, siempre que el museo esté abierto, podría ser uno de los motivos.

El arte es una oportunidad para la reflexión, el pensamiento y la acción, y los museos son agentes educativos explorados con baja intensidad. La cultura se aprende en primera persona, disfrutando del patrimonio, creando, experimentando y compartiendo nuevos conocimientos. Si queremos que los museos sean espacios valiosos para las futuras generaciones de visitantes, se deberían dedicar más recursos a ofrecer espacios permanentes para la creación y la reflexión que creen vínculos emocionales con el arte.

Por otra parte, una de las preocupaciones del sector cultural sigue siendo cómo atraer a los jóvenes y las familias a los museos de arte. Esta inquietud también podría ir revirtiéndose si, entre otras cosas, se eliminara de manera efectiva la barrera económica de los niños y adolescentes —como en el caso del LACMA— dando también gratuidad a los adultos que tienen que acompañarlos. Hay que lanzar el mensaje de que los jóvenes y las familias también pertenecen a los museos y que allí pueden hallar un recurso habitual de ocio creativo de calidad. Solo así podremos ver como los museos —lugares idóneos para el aprendizaje vivencial abiertos a la ciudadanía— impactan paulatinamente en la transformación del tejido social en beneficio de todos, actuando realmente «au service de la société et de son développement».

Referencias

Los Angeles County Museum of Art. An Evaluation Report.  Arts for NexGen:  LACMA’s Free Youth Membership Program. 2011.

Proffitt, Steve. «Andrea Rich.Educating the Next Generation of Art Lovers». Los Angeles Times, 26 de octubre de 1997.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top