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Calder y Miró comparten un espacio no pictórico. El equilibrio poético de las esculturas móviles de Calder parece hallar el punto de reposo en algunas obras de Miró, como las Constelaciones. La coincidencia de formas y colores hizo nacer entre ambos una gran amistad que perduraría toda la vida y que se pone de manifiesto en la escultura 4 alas, que rinde homenaje a Miró y recibe a los visitantes de la Fundació.

Elisabet Serrat, restauradora de la Fundació, explica el proceso de restauración de la pieza y cómo, con la limpieza y la eliminación de las diferentes capas de pintura, se llega a la estructura original. Bajo el grosor de piel roja aparece la firma del artista y amigo grabada sobre el hierro. La descripción detallada de este procedimiento técnico es un buen pretexto para recordar la amistad entre los dos artistas.

06_04_2017
4 alas de Alexander Calder

4 alas de Alexander Calder, la historia de una restauración

La escultura 4 alas de Alexander Calder no siempre ha estado en la Fundació Joan Miró. Originalmente estaba cedida, por un tiempo, a Barcelona y se colocó en los jardines de la avenida del General Goded (actual avenida de Pau Casals), tocando a la plaza de Francesc Macià.

Cuando el periodo de cesión a la ciudad finalizaba y había que devolver la escultura, Joan Miró pidió a su amigo Alexander Calder que la donara a la Fundació Joan Miró, ofreciéndole a cambio una obra suya. Así es como desde la inauguración de la Fundació en 1976 la escultura se encuentra delante de la fachada principal del edificio. Después de asistir a la inauguración, Alexander Calder regresó a Nueva York, donde murió el 11 de noviembre de 1976.

Desde que se instaló delante de la fachada de la Fundació, la escultura se ha convertido en un icono inseparable de la imagen exterior del edificio. La relación de amistad entre Alexander Calder y Joan Miró se recuerda desde fuera del edificio de Sert con las 4 alas y dentro con la Fuente de mercurio, que también es una donación del escultor norteamericano a Miró.

La escultura 4 alas la realizó en 1972, mide 510 x 330 x 300 cm y es de acero pintado.

La exposición continuada al aire libre durante todos estos años altera su estado de conservación. El contacto directo d­e la pintura con la luz ultravioleta, la luz visible y los rayos infrarrojos hace que la pintura se descolore y pierda su tonalidad original. Mantener la textura y el rojo originales que Calder escogió es el principal reto de la restauración de esta obra.

Además, hay que tener en cuenta que esta escultura se halla en el exterior del museo, en una zona donde los visitantes tienen acceso libre, de modo que también sufre pequeñas agresiones causadas por el público. Un problema añadido es el agua de la lluvia, que tiende a acumularse en algunas zonas y provoca la oxidación del acero, sobre todo en las bases de la escultura.

Proceso de restauración

Antes de realizar cualquier intervención, hemos consultado a la Calder Foundation, que se encarga de gestionar la autenticidad de las obras del artista. En su web se pueden encontrar las instrucciones técnicas para restaurar este tipo de esculturas, instrucciones que se han tenido en cuenta durante todo el proceso de restauración.

Hasta ahora habíamos ido repintando la escultura siempre que había sido necesario y habíamos ido tratando las oxidaciones de manera puntual. Actualmente, hemos llegado a un punto en que el grosor de capas no permite percibir la textura del metal y, como la pintura vuelve a estar descolorida y el hierro presenta algunos puntos de oxidación que deben tratarse, es el momento de llevar a cabo una intervención más profunda.

Primero realizamos pruebas de limpieza a fin de determinar el sistema más adecuado para retirar todas les capas de pintura. Decidimos quitar las capas más externas con proyección de áridos (pequeñas partículas de materiales abrasivos rociadas a baja presión para desprender la capa de pintura); se trata de un sistema rápido que permite controlar perfectamente las capas que se quitan hasta llegar a la última, que presenta una tonalidad más oscura y es fácil de diferenciar. Esta última, que es la que está en contacto directo con el acero, se quita con gel decapante, de modo que así nos aseguramos de que no dañamos la textura del metal y seguimos las directrices que da la Calder Foundation.

Gel decapante, actuando

 

A medio proceso de decapado

 

Algunos detalles de la escultura totalmente limpia

Una vez quitadas todas las capas de pintura y eliminados los restos de gel decapante que han podido quedar de la limpieza, hay que proteger el acero para que no se oxide. A pincel, aplicamos en toda la superficie una capa de convertidor de óxido, que por medio de una reacción química transforma el óxido que pueda haber en una capa de color negro que protege el metal. Una vez esta capa está bien seca, aplicamos una capa de imprimación de resina epoxi de dos componentes, que protege el metal y simultáneamente mejora la adherencia de la pintura que pondremos después. Esta imprimación es de color blanco y se aplica con pistola de aire comprimido.

Aplicando la capa de imprimación

Para sellar las juntas y evitar que se filtre el agua, se aplica silicona de poliuretano, intentando utilizar cuanto menos mejor para no alterar el relieve original de la escultura. Pasado el tiempo de secado que recomienda el fabricante de los productos, procedemos a pintar la escultura.

Aplicando la primera capa de pintura

No se utiliza una pintura cualquiera. En la Calder Foundation tienen la carta de los colores exactos que el artista eligió para pintar sus esculturas destinadas a ser colocadas en el exterior, de tal modo que se pueden ir repintando y siempre tendrán el acabado final que quería el artista. Hay varias empresas que siguen fabricando los colores escogidos por Alexander Calder; en el caso concreto de esta escultura, es el color Philolaque Rouge Calder/3117, una laca de acabado mate.

Tal como se indica desde la Calder Foundation, el objetivo es conseguir una superficie lisa y uniforme, de modo que de aplicar la pintura con pinceles o rodillos no se conseguiría el acabado adecuado. Por eso se aplica la pintura con pistola de aire comprimido. Pintamos dos capas, y entre capa y capa lo dejamos secar durante veinticuatro horas.

Y con esto el proceso de restauración ya ha terminado. En las próximas intervenciones que se lleven a cabo no serán necesarios todos estos pasos, sino que cuando la pintura vuelva a degradarse solo habrá que aplicar una capa de pintura Rouge Calder (siempre a pistola). Y así sucesivamente hasta que el grosor vuelva a ser lo bastante denso como para que no se aprecie la textura del metal. Entonces habrá que volver a quitar toda la pintura y empezar de nuevo.

Restauración con la colaboración de Pinturas Lorente

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