a
Espai 13
Fundació Joan Miró
Fundació Joan Miró
Amb el suport de:

Arxiu de l'autor

‘Embajadores de Bellvitge’, la película

Escrit el 14/01/15 per La Fundició

El sábado 23 de noviembre de 2013 se jugó en el Poble Espanyol de Barcelona la primera partida de la primera escena de Bellvitge rol en vivo, titulada Embajadores de Bellvitge. Como explicábamos aquí, Bellvitge rol en vivo es un juego de rol ambientado en los 50 años de historia del barrio de Bellvitge, desarrollado por LaFundició y el Club de rol Necronomicon’s con la colaboración y aportaciones de diversos colectivos, entidades y personas de Bellvitge.

Para desarrollar esta primera escena contamos, además de con lxs amigxs de Necronomicon’s, con la colaboración de un grupo de estudiantes del Institut Bellvitge y del Grup de Teatre Imaginari de Bellvitge i Altres Fantasmes, así como con la participación de la Banda de Música Amics de la Música de Bellvitge.

“Embajadores de Bellvitge” está basada en un episodio no muy conocido de la historia del barrio que explicábamos en esta entrada en el blog de LaFundició.

El vídeo incluye imágenes de los ensayos y la preparación de la partida, así como fragmentos de una entrevista que realizamos a Antonio García, quien fuera uno de los embajadores originarios en 1969 y que, además de aportar su testimonio, participó en la propia partida reviviendo así 45 años más tarde su experiencia.

Esta partida de Bellvitge rol en vivo se incluyó en la programación del Espai 14-15, otro proyecto nuestro que propuso, durante el curso 2013-2014 desplazar las actividades de mediación con públicos vinculadas al ciclo de exposiciones Arqueologia preventiva del Espai 13 de la Fundació Joan Miró al barrio de Bellvitge.

Reflexiones en torno al taller de ‘Amnèsia Col·lectiva’ (y parte II)

Escrit el 17/11/14 per La Fundició
Graffiti. Autor: Txinorri.

Graffiti. Autor: Txinorri.

Después de todo lo dicho en la primera parte de esta “crónica” ¿cómo afrontar el recuerdo —y el olvido— de las barracas?¿qué estética, qué formas podrían servir al propósito de recordar la ciudad informal?¿cómo sería un “monumento” a las barracas si tuviésemos en cuenta todo lo dicho durante las conversaciones y debates que sostuvimos en el taller de Amnèsia Col·lectiva?

Una de las ideas que aparecieron de forma clara y reiterada durante el taller fue la de entender el monumento como un disparador del diálogo, como un pre-texto de la conversación en torno a determinados acontecimientos del pasado. Una conversación que, se insistió, debía ser lo más abierta, plural y horizontal posible. Esta condición plantea retos considerables ya que el monumento, por definición, se erige con la voluntad de imponer, desde arriba, un discurso único que zanje y suture cualquier controversia sobre los hechos del pasado. Por otro lado sabemos que no existe una conversación perfectamente transparente y democrática puesto que el lenguaje siempre oculta alguna cosa, siempre hay en él un déficit de significado que está atravesado por intereses y pulsiones diversas.

De hecho, si tenemos en cuenta lo dicho anteriormente, podríamos ver nuestro hipotético monumento a las barracas —el monumento que perfilarían las condiciones y características definidas durante el taller de Amnèsia Col·lectiva— como un anti-monumento, en tanto que consideramos que la memoria no residiría en su forma o su materialidad, sino en la conversación que se suscitaría en torno a él y que se daría en innumerables y diversos contextos de enunciación a través de textos, imágenes o reproducciones: sesudos estudios de los historiadores, charlas informales a pie de calle o eruditas conferencias, a través del souvenir kitsch o la fotografía del turista. No obstante, deberíamos evitar caer en el relativismo: no todos los discursos en torno al monumento han de ser valorados igualmente, aunque sí debemos tener en cuenta que todo conocimiento es un conocimiento situado, así como fijar mecanismos que acrediten su valor de forma democrática y distribuida. En este sentido, durante el taller se planteó una paradoja: ¿Cómo podría el monumento recoger los discursos que omite el propio colectivo, contexto o comunidad que conmemora?

Si entendemos que el lenguaje nunca es unívoco, resulta fácil imaginar la conversación en torno al monumento como un discurso no cerrado, con múltiples centros y líneas de desarrollo que se entremezclarían y contaminarían mutuamente. Por el contrario, el modo en que tradicionalmente funciona el monumento se fundamenta en una impostura con la que se nos pretende hacer creer que sólo existe una única narración válida sobre los hechos del pasado. El monumento es, en este sentido, a través de esa ficción de univocidad, una manifestación cultural empleada por el poder para producir una episteme y unas formas de subjetividad hegemónicas. No obstante, como en realidad el monumento no es unívoco —ni puede llegar a serlo nunca— alberga en sí mismo la potencia de unos relatos otros del pasado.

En el fondo, aquí como siempre, subyace precisamente la cuestión del poder: ¿Quién ostenta el poder para fijar el relato sobre el pasado?¿De qué manera sirven los monumentos a este propósito? Durante el taller emergió en varias ocasiones la necesidad de construir desde abajo el relato en torno a nuestro hipotético monumento a las barracas. Pero ¿cómo recoger e incluir los relatos y la memoria de los subalternos?¿de los propios habitantes de las barracas? Parece claro que esto es imposible sin contar con su voz y sin tener en cuenta sus propias formas de conmemoración y su relación conflictiva con las formas hegemónicas; aunque esto no implica por nuestra parte una retirada como narradores, un dejar de contar la historia para no proyectar sobre el otro nuestras propias construcciones epistemológicas e ideológicas, nuestra manera de mirar y relatar el mundo. De otro modo, lo que nos parece pertinente es explicitar toda esa carga para hacerla entrar en una relación dialógica, agónica incluso, a través precisamente del propio monumento y su proceso de construcción, con aquello que también condiciona la mirada y el relato del otro. Lo erróneo sería actuar como si nuestra mirada fuese neutral y objetiva; ese es precisamente el modo en que actúa el poder respecto a la construcción del relato histórico y memorial.

En este sentido, durante el taller, se señalaron claramente tres formas del discurso memorial hegemónico que nuestro monumento a las barracas debía rehuir: la épica, el victimismo y la celebración. Vayamos por partes:

Como decíamos aquí en nuestro blog, a propósito del relato de las luchas vecinales en Bellvitge, la épica resulta siempre sospechosa. En primer lugar porque omite la intendencia y la retaguardia de la batalla, las redes de soporte que hacen posible el “triunfo” de los “grandes personajes históricos”; y en segundo lugar porque la épica siempre simplifica los hechos velando aquello que se pierde en la victoria.

Por su lado, el victimismo constituye una forma de sutura que borra las contradicciones de la historia —como señalara Enzo Traverso durante su intervención en el simposio internacional de Amnèsia Col·lectiva— que presenta a las víctimas como objetos inertes a merced de fuerzas incontrolables cuando, bien al contrario, las “víctimas” siempre presentan formas de resistencia y reapropiación de las prácticas y discursos del dominador, incluidas las prácticas y discursos monumentales y memoriales —gracias a que, como apuntábamos anteriormente, por su propia configuración es posible construir lecturas y experiencias no hegemónicas del monumento—. En relación a esto, durante el taller se expuso como una práctica monumental posible el añadir nuevas lecturas y usos a los monumentos ya existentes en lugar de crear nuevos.

Por último, los discursos celebratorios, al igual que la épica, escamotean la complejidad de los acontecimientos y las formaciones históricas; nos ofrecen una versión que omite las tensiones y las contradicciones que los atraviesan. En muchos casos se trata de una versión edulcorada y exenta de conflictos que persigue, de nuevo, la adhesión de subjetividades diversas a un discurso único, congregadas por el acto o el objeto memorial.

En el taller se apuntó claramente una estrategia para desbordar estas tres construcciones epistemológicas de las que el monumento al uso es pieza fundamental, así como sortear algunos de los peligros que hemos enumerado: El monumento o lugar de memoria debe ser un espacio vivo, habitado y activado en el presente y con un uso contemporáneo.

Reflexiones en torno al taller de ‘Amnèsia Col·lectiva’ (parte I)

Escrit el 15/09/14 per La Fundició

Taller Amnesia Colectiva

Olvidar la historia de los asentamientos informales en Barcelona, imaginar un devenir-barraca de la ciudad. Este aforismo podría concentrar de manera muy parcial y sesgada lo que, durante cuatro días, estuvimos discutiendo en el taller del Simposio Internacional Amnèsia Col·lectiva.

En verdad, durante esos cuatro días se produjo un debate mucho más extenso y profundo sobre las formas de conmemoración de un fenómeno tan esquivo a las trampas de la memoria, e incluso a las de la propia historiografía, como es la construcción de la ciudad informal.

Podríamos decir que la ciudad informal no es un hecho del pasado, un estadio anterior de la propia ciudad que en Barcelona habría finalizado aquel mes de diciembre de 1990 cuando el entonces alcalde Pascual Maragall derribó “la última barraca” en el Carmel; la ciudad informal vendría a ser más bien un bloque de lo urbano que se desplaza, repliega y aparece sobre el territorio en el devenir-barraca de lo urbano mismo. Así pues, si la ciudad informal no es parte del pasado, es siempre contemporánea; y su devenir anónimo se cuela por los intersticios de la otra ciudad, aquella cuya historia sí nos cuentan los libros de historia.

La ciudad también se construye desde sus relatos e imágenes ya que las representaciones de la ciudad normativizan unos modos específicos de habitarla. Barcelona ha sufrido en las últimas décadas un proceso intensivo de branding; resulta patente que la imagen de las barracas no cae dentro del marco que produce la marca Barcelona y que la historia de las barracas no se incluye en el relato que, sobre la propia ciudad, dicha marca ha puesto en circulación a escala global. Pero la historia “oficial” de la ciudad no sólo se proyecta hacia el exterior, sino también hacia sus propios habitantes, de modo que la omisión de las barracas en el discurso hegemónico sobre la ciudad, o más bien el continuo encuadre de otros lugares de la memoria, ha inducido a su olvido colectivo. Y esas operaciones sobre el régimen escópico que ordena el modo en que vemos la ciudad no son inocentes ni desinteresadas.

Los textos y los discursos oficiales sobre el barraquismo, aquellos que provienen de los estamentos e instituciones encargadas del gobierno de la ciudad o de sus aparatos técnicos subordinados, establecen una relación específica entre éste y el tiempo: el relato que dichos textos y discursos construyen sobre las barracas no habla del pasado, sólo habla del futuro, de un futuro en el que éstas ya no existen. La ciudad informal, desde ese punto de vista, se opone al progreso, constituye un indicio de su atraso respecto al sino de los tiempos: el barraquismo es descrito como un foco de «insalubridad» a «erradicar», aunque en pocas ocasiones se menciona cuales serían las causas de esta «lacra». En realidad las barracas no son el síntoma de ninguna patología urbana, si se nos permite la expresión, muy al contrario, lo informal es una parte consustancial de la propia ciudad: a lo largo de buena parte del siglo XX, el autoabastecimiento de vivienda y otros bienes y servicios básicos por parte de sectores de la población mayoritariamente trabajadores y migrantes ha hecho posible el crecimiento y la prosperidad de la otra ciudad, de la ciudad formal —en el caso específico de Montjuïc fueron los habitantes de sus barracas quienes, literalmente, construyeron el que fue, y es aún hoy, uno de sus emblemas urbanísticos—.

Como decíamos, la imagen “oficial” de las barracas fundamenta la historia de su erradicación ¡y viceversa! Por otro lado, el relato “economicista” nos presenta los asentamientos de barracas como cuencas de las que la ciudad extrae fuerza de trabajo barata. Podríamos decir que la primera narrativa muestra a los habitantes de las barracas como sujetos pasivos de una pobreza que parece impuesta por un destino fatal, y no por un orden social injusto, mientras que la segunda nos los presenta como el eslabón más débil de un régimen de explotación cuyas desigualdades, en última instancia, han dado a la ciudad su esplendor; desigualdades que, en cualquier caso, permanecen incuestionadas —motivo por el cual los barraquistas son reconocidos, paradójicamente como víctimas, y al mismo tiempo benefactores, de la ciudad—. Podríamos añadir infinidad de relatos a estos dos, pero de entre todos ellos nos interesan especialmente aquellos que no sólo reconocen a los habitantes de las barracas como víctimas, sino que también señalan sus formas singulares de sociabilidad y modos de hacer, las relaciones de apoyo mútuo, las formas de organización y resistencia. Porque, en última instancia, lo informal es un espacio potencial de resistencia en tanto que no está sujeto a las tecnologías de control que encontramos en el resto de la ciudad. Por descontado, no cabe idealizar la vida en las barracas ni la miseria, pero sí podemos reconocer ahí un espacio de subversión potencial del orden establecido. Desde los inicios de la organización obrera en las casas baratas de Can Tunis o Prat Vermell durante los años 30 —como nos explica Pere López Sánchez en su libro Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)— hasta nuestros días con la recuperación por parte de la PAH de edificios de vivienda vacíos en manos de entidades bancarias, pasando por las primeras acciones en el estado español del movimiento okupa a principios de los 80, la informalidad abre una serie de posibilidades que tal vez no puedan encontrarse en otras manifestaciones de lo urbano: quizás la cuestión capital en este punto sea cómo consolidar esta serie de prácticas instituyentes que operan de manera informal para que, más allá de gestionar la precariedad, nos permitan sostener una vida digna, una buena vida, en la ciudad.

 

 

Escrit el 01/04/14 per La Fundició

poster cicle cinema_web

La ciutat guanyada, la ciutat perduda

Escrit el 26/03/14 per La Fundició

la_ciudad_es_nuestra

La ciutat guanyada, la ciutat perduda. Aquest és el títol del cicle de cineforum que hem organitzat en col·laboració amb Lola Lasurt com a part de les accions i processos de treball a l’Espai 14-15 vinculats a la seva exposició Doble autorització a l’Espai 13 de la Fundació Joan Miró.

El cicle recull tres pel·lícules i vídeos documentals enregistrats als anys 70 i que aborden diferents aspectes de les perifèries urbanes a l’estat espanyol en aquells anys.

Perquè un cicle com aquest? quina relació té amb el projecte expositiu de Lola Lasurt i amb Bellvitge?

poster-cicle-cinema_corregit3-web

La connexió amb el barri de Bellvitge és evident, doncs es tracta de pel·lícules que tenen com a objecte de la seva representació un seguit de memòries, territoris, paisatges i subjectes que podem identificar en major o menor mesura amb els de Bellvitge: parlem de barris que es van construir als voltants dels anys 70 per acollir principalment una gran massa de població immigrada des d’àrees rurals i que s’incorporaren al teixit productiu industrialitzat de les grans ciutats i la seva àrea metropolitana.

La relació del cicle amb el treball de la Lola Lasurt és força més indirecta: durant la seva recerca sobre el Centre Miró a Mont-roig, una institució ciutadana que estudia i difon la vinculació de Joan Miró amb la vila de Mont-roig del Camp, Lola ha trobat que part dels seus membres, i en especial el seu president Martí Rom, van estar vinculats a la Central del Curt i la Cooperativa de Cinema Alternatiu (CCA), respectivament distribuïdora i productora de cinema documental independent. Des de la Central del Curt i la CCA van organitzar als anys 70 la Mostra de Cinema Marginal, on es projectaren algunes de les pel·lícules que projectarem al nostre cicle La ciutat guanyada, la ciutat perduda.

Hi trobem aquí un doble joc amb la memòria, d’una banda el nostre cicle és, en certa manera, un reconstrucció de la Mostra de Cinema Marginal a Mont-roig, i de l’altra recull i para atenció a un dels descarts de la Lola Lasurt en el seu procés de creació per a l’Espai 13 de la Fundació Joan Miró, allò que els arxius i les publicacions no recolliran i conservaran, allò que d’altra manera, s’oblidaria juntament amb la resta de línies de recerca descartades per l’artista, dels esborranys i provatures, de tot allò que forma part del procés creatiu i que no es mostra finalment a la sala d’exposicions.

Però la cosa no queda aquí: com a tot el projecte de l’Espai 14-15, la nostra voluntat és la d’actualitzar, activar en el pressent, la memòria. Desitgem que les pel·lícules i els debats d’aquest cicle serveixin per repensar un moment històric a les perifèries urbanes sobre el que s’ha construït un discurs força hegemònic que, d’alguna manera, oculta altres memòries i altres interpretacions de la història dels barris obrers als anys 70.

En la història d’aquests barris podem trobem llaços complexes amb el procés de transició democràtica. En aquests dies en que assistim a l’enaltiment de la figura d’Adolfo Suárez com a “pilot de la transició”, és un bon moment per tornar examinar i reivindicar el paper de la societat civil organitzada i en especial de les classes populars, en el procés de transició; així com també per valorar quines formacions socials, modes d’autoorganització ciutadana i participació política es van perdre amb l’arribada de la democràcia i els èxits de les lluites veïnals, així com per examinar quines formes de subjectivació i politització es van definir en aquell moment a barris com Bellvitge. Ens semblava a més a més, que proposar aquest debat des de l’institut públic del barri era una bona manera de posar aquestes qüestions a l’esfera pública.

Presentació del treball d’experimentació en mobilitat amb infants als espais del Pavelló Mies van der Rohe

Escrit el 13/02/14 per La Fundició

Alma Flamenca

Escrit el 07/01/14 per La Fundició

Alma flamenca from LaFundició on Vimeo.

¡Bellvitge, Bellvitge! és un dels pocs documents audiovisuals que existeixen sobre els primers anys del barri de Bellvitge a L’Hospitalet. Rodat al 1978 (13 anys després de l’inici de la construcció dels blocs de pisos que van formar el barri) ¡Bellvitge, Bellvitge! té la particularitat de ser un projecte educatiu de vídeo documental comunitari, produït per Julián Álvarez, alumnes de l’Institut INB-3 de Bellvitge i el col·lectiu Video-Nou.

Al canal de Vimeo de Julián Álvarez es pot veure un muntatge (que incrustem més abaix) amb alguns fragments del metratge original, que tenia una durada aproximada de 45 minuts. On paren les gravacions i edició originals no és del tot clar, tot i que soposadament existeix al menys una còpia a l’Arxiu Municipal de L’Hospitalet. Seria necessari realitzar una tasca arqueològica que assegurès la recuperació, conservació i difussió d’aquest document.

¡Bellvitge, Bellvitge! s’articula a partir dels comentaris de l’arquitecte municipal Cosme Grifell y de R. Fernández Jurado (un dels primers habitants de Bellvitge). Al documental s’hi troben inserides dues actuacions del duo Alma Flamenca, format per la cantaora Ginesa Ortega (que llavors tenia 12 anys d’edat) i el guitarrista Pedro Sierra (qui llavors era encara més jove que Ginesa Ortega i que va ser acreditat com a Manolito, doncs els autors dels vídeo no van anotar el seu vertader nom).

alma_flamenca

Alma Flamenca és també el títol de la reconstrucció d’aquestes escenes, que vam organitzar amb motiu de la inauguració de l’Espai 14-15, en col·laboració amb la Federación Coordinadora de Entidades Andaluzas en L’Hospitalet, amb la participació de Carolina Torres al cante i José Andrés a la guitarra; reconstrucció que va quedar documentade en el vídeo que podeu veure sobre aquestes línies.

¡BELLVITGE, BELLVITGE! from Julián Alvarez on Vimeo.

VIURE LLIURE

Escrit el 07/01/14 per La Fundició

VIURE-LLIURE-II

VIURE LLIURE és la intervenció número 271213 de Lúa Coderch en el marc de l’exposició La Muntanya Màgica i ha estat realitzada en col·laboració amb LaFundició.

Consisteix en la instal·lació, en un dels fanals que hi ha a l’exterior de l’Espai 14-15, de dues banderoles a les que es poden llegir les paraules ‘viure’ i ‘lliure’. Viure Lliure és l’eslògan dels actes commemoratius del tricentenari del 1714 organitzats per l’Ajuntament de Barcelona, i les banderoles penjades a Bellvitge formaven part de la seva campanya de comunicació abans de ser modificades i ressituades, doncs la campanya oficial només té presència a la ciutat de Barcelona i tota la imatge corporativa i tot els elements gràfics que les identificaven com a part de la campanya institucional han estat esborrats per la Lúa.

VIURE LLIURE, la intervenció, proposa “alliberar” les paraules de la seva subjecció institucional, o més aviat desbordar el marc de lectura que les ha estat imposat: gairebé no cal dir que, en el context català i en el moment històric actual, la idea de llibertat al·ludeix automàticament al procés sobiranista; d’aquesta manera s’uneix el relat històric amb esdeveniments actuals, imbricant de forma molt estreta la memòria amb controvèrsies contemporànies. Desproveir les banderoles de la campanya Viure Lliure de tota marca institucional no ens fa oblidar la seva procedència i el context en el que aquest missatge ha estat posat en circulació, sinó que, s’una altra manera, ens convida a pensar com llegir aquest eslògan amb un focus més ample: què vol dir ‘viure en llibertat’? què entenem per ‘llibertat’?

Alhora es produeix un moviment contrari: la introducció anòmala d’aquest missatge en un context específic -la presència d’un únic joc de banderoles al carrer Prat de L’Hospitalet, a davant de l’Espai 14-15- convida als transeünts, veïns i veïnes de Bellvitge o visitants, a pensar què és la vida en llibertat; alhora la intervenció entra en un nou joc de controvèrsies doncs resulta notori que el partit al govern de l’Ajuntament de L’Hospitalet hagi estat el primer en llençar una campanya oficial pel no a la independència. En aquesta conjuntura conflueixen qüestions històriques, socials i identitàries que la intervenció de Lúa Coderch vol, precisament, abordar des d’una perspectiva política i filosòfica més vasta que la que habitualment es planteja des dels mitjans de comunicació i l’arena política dels partits.

Niñxs en el Mies van der Rohe

Escrit el 10/12/13 per La Fundició

Niñxs en el Mies van der Rohe from LaFundició on Vimeo.

Els ambaixadors de Bellvitge arriben al Poble Espanyol

Escrit el 18/11/13 per La Fundició

salida_1a_embajada_bellvitge

El proper dissabte, 23 de novembre, a partir de les 11h juguem la primera partida de la primera escena de Bellvitge rol en viu, oh, yeah!

Crear un joc de rol d’aquestes característiques està resultant ser tremendament complicat al mateix temps que molt il·lusionant. Després de mesos de treball en col·laboració amb el Club de Rol Necronomicon’s de L’Hospitalet, jugarem al Poble Espanyol de Barcelona la primera escena d’aquest joc ambientat en els 50 anys d’història del barri de Bellvitge. La partida està oberta a totes aquelles persones que vulgueu jugar: per apuntar-vos només heu d’enviar-nos un email a l’adreça hola@lafundicio.net i pagar 3 € d’entrada al Poble Espanyol (o sigui, que teniu un descompte de 8 € sobre el seu preu normal). Si veniu caracteritzats dels anys 60-70 molt millor!

Per desenvolupar aquesta primera escena hem comptat, a més de amb els i les amigues de Necronomicon’s, amb la col·laboració d’un grup d’estudiants de l’Institut Bellvitge i del Grup de Teatre Imaginari de Bellvitge i Altres Fantasmes, així com amb la participació de la Banda de Música Amics de la Música de Bellvitge.

Aquesta primera escena, que hem titulat Els Ambaixadors de Bellvitge, està basada en un episodi no molt conegut de la història del barri: el 1969 l’empresa constructora CIDESA va sortejar entre els veïns i veïnes de Bellvitge 40 viatges «turístico-sociales» per diverses ciutats d’Espanya que visitarien en qualitat ‘d’ambaixadors’ del barri. Aquesta ambaixada va ser rebuda per les autoritats i habitants d’aquestes ciutats amb els qui van estrènyer llaços i als que explicarien les bondats de viure a Bellvitge.

El diari La Vanguardia Española (actualment La Vanguardia) es va fer ressò a les seves pàgines, en el que semblen complerts publireportatges, de la ” innovadora” campanya de màrqueting de CIDESA, coincidint amb la commemoració del «cinquè aniversari de la seva activitat constructora [a Bellvitge]», tal com s’explica al peu de foto de la imatge que acompanya aquesta entrada. En aquesta pàgina (edició del dia dimecres, juliol 23, 1969) s’explica amb gran detall l’acte de constitució de l’ambaixada, durant el qual es van sortejar els viatges i van actuar artistes de renom com Georgie Dann. En aquesta altra pàgina (edició del dia dimarts 30 de setembre de 1969) podem veure als ambaixadors en el seu pas per Madrid, Granada i Sevilla.

Vam començar a idear Bellvitge rol en viu a principis d’aquest any, i des d’un inici vam presentar el projecte al grup de treball Bellvitge50, un grup impulsat per l’Associació de Veïns i Veïnes de Bellvitge i al Centre d’Estudis de L’Hospitalet, obert a la col·laboració de totes aquelles persones que vulguin contribuir a la commemoració del mig segle de vida del barri i en què ja veníem participant des de la seva constitució al 2011.

En un inici, Els Ambaixadors de Bellvitge anava a ser ambientada en la cerimònia de constitució de l’ambaixada, durant el sorteig dels viatges, però finalment s’ambientarà en la visita dels «expedicionarios» a diverses ciutats. Aquest canvi resulta d’haver “engranat” Bellvitge rol en viu amb la programació de l’Espai 14-15.

Com expliquem aquí, Espai 14-15 proposa desplaçar les activitats de mediació amb públics vinculades al cicle d’exposicions Arqueologia preventiva de l’Espai 13 de la Fundació Joan Miró al barri de Bellvitge, en el qual des de principis d’any venim desenvolupant diversos processos de treball cultural des de l’espai físic de LaFundició. Amb l’Espai 14-15 proposem desdoblar o dislocar les lògiques institucionals del camp de l’art explorant quines vinculacions i diàlegs podem establir entre les pràctiques artístiques contemporànies i processos culturals que es donen en un context social específic que no és el de la pròpia institució artística.

La primera exposició del cicle -comissariat per l’Oriol Fontdevila- va a càrrec d’Oriol Vilanova, qui proposa amb la seva obra reflexionar sobre certes connotacions històriques i ideològiques del Pavelló Mies van der Rohe i el Poble Espanyol, dues arquitectures construïdes amb motiu de l’Exposició Internacional de Barcelona al 1929.

El Poble Espanyol, un conjunt arquitectònic que reuneix rèpliques de nombrosos edificis i espais públics de tot Espanya, resulta un escenari ideal per jugar l’escena dels ambaixadors de Bellvitge; precisament el treball d’Oriol Vilanova assenyala el caràcter escenogràfic i espectacular tant del Poble Espanyol com del Pavelló Mies van der Rohe, una característica que, d’alguna manera, volem revertir activant aquests espais com a espais de joc.

Hi ha diversos exemples d’institucions artístiques que han obert espais i programes fora de les seves seus; habitualment aquests espais i programes reprodueixen les maneres de fer pròpies de la institució artística en contextos socials diversos, sense tenir en compte que en aquests contextos es donen pràctiques culturals que podem considerar tan valuoses i rellevants com la de l’art contemporani. Així doncs, amb l’Espai 14-15 no pretenem «acostar l’art» als nostres veïns i veïnes de Bellvitge seguint una lògica colonialista i il·lustradora, sinó trobar espais de diàleg entre les seves pràctiques socials i culturals i les del camp de l’art contemporani. Al mateix temps això també implica, és clar, abordar des de la pràctica cultural i l’art contemporani les maneres en què es construeixen els relats històrics i la memòria del lloc en el context de Bellvitge (però això parlarem en una altra ocasió).

Resulta significatiu, ens sembla, que el treball d’Oriol Vilanova hagi donat peu a aquesta escena en què veïns i veïnes de Bellvitge visitaran el Poble Espanyol, replicant el paper dels ambaixadors de 1969, al mateix temps que reverteixen i transformen, encara que només sigui de forma transitòria, la lògica espectacular del recinte, una lògica a la qual també està subjecta la pròpia Fundació Joan Miró. Aquests nous ‘ambaixadors de Bellvitge’ contemporanis nostres, no es presenten a la institució artística com a espectadors objecte d’una acció educativa, sinó com a subjectes que han construït col·lectivament un coneixement i una pràctica i que, d’alguna manera, ni que sigui transitòriament, potser desplacen i disloquen els llocs i les maneres en què es legitimen i valoritzen els discursos i les maneres de fer en cultura.