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Como Marcel Duchamp, Leontxo García también piensa en el juego del ajedrez día y noche. Es ajedrecista y responsable de la sección de ajedrez del diario El País y autor de La bitácora de Leontxo en el mismo medio. Coincidiendo con la exposición Fin de partida: Duchamp, el ajedrez y las vanguardias, su artículo para el blog gira en torno a la pasión de Duchamp por el ajedrez y explica cómo para Duchamp ni una vida entera era suficiente para alcanzar la perfección en el juego.

22_12_2016
Marcel Duchamp y Salvador Dalí en Cadaqués, 1958. Autor desconocido. Foto cedida por Enrique Irazoqui

Arte en jaque: pasión y obsesión

«Juego al ajedrez día y noche. Cada vez me gusta menos pintar», llegó a decir Marcel Duchamp en 1923, tras terminar una de sus grandes obras, Le Grand Verre [El gran vidrio]. Tal obsesión contribuyó mucho al fracaso de su primer matrimonio, con Lydie Sarazin-Levassor, quien llegó a pegar las piezas al tablero con cola para evitar que el pintor analizase posiciones hasta la madrugada durante su luna de miel. Es imposible separar al pintor del ajedrecista, porque el arte de Duchamp siempre estuvo en jaque, y el deporte mental fue para él una fuente de creación.

«No todos los artistas juegan al ajedrez, pero todos los ajedrecistas son artistas». Duchamp dijo eso con pleno conocimiento. Si se hiciera un equipo con los mejores pintores ajedrecistas de la historia, Duchamp ocuparía sin duda el primer tablero: jugó cuatro Olimpiadas de Ajedrez con Francia, ganó varios torneos e hizo tablas en 1930 con el estadounidense Frank Marshall, uno de los mejores del mundo.

Siempre ocupaba la misma silla en el Bar Melitón de Cadaqués cada día a las seis en punto de la tarde durante los veranos de los sesenta, hasta poco antes de su muerte, en 1968. Uno de sus ilustres y fieles compañeros de entonces, Enrique Irazoqui, conocido sobre todo porque interpretó a Jesucristo en la película El Evangelio según San Mateo de Pasolini, lo recuerda así: «Durante esas horas no hablaba con nadie de nada que no fuera ajedrez. Artistas famosos, como John Cage, Dalí o el entonces muy joven Félix de Azúa, sabían que la única manera de intimar con su admirado Duchamp era el ajedrez; de hecho, su segunda esposa, Teeny, y Cage contrataron al experto en ajedrez de The Times, Raymond Keene, para que les diera clases. Fue muy amigo de Dalí, pero un día, cuando Dalí y Gala nos anunciaron su llegada en una barca, Marcel me pidió que lo librase de ellos, para no distraerse de su gran pasión».

El ajedrez es la aplicación perfecta de una frase de Sócrates: «Sólo sé que no sé nada»; ni siquiera la computadora más potente del mundo puede jugar hoy perfectamente. Duchamp sabía que una sola vida es insuficiente para disfrutar del ajedrez al máximo; por eso lo exprimió cuanto pudo hasta fundirlo con su arte.

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4 comments

  1. alidhaey

    He asistido a la exposición de Duchamp y me pareció muy recomendable (fuí a causa de leer este artículo).

    PD: Hay un error en una de las notas que acompañan a las fotografías y elementos de la exposición: Koltanovwsky no fue campeón del mundo (aunque sí campeón en du país, Belgica).

    • Equip de redacció

      Muchas gracias por el comentario sobre el artículo y la exposición. ¡Nos alegra mucho que te gustara!
      Gracias también por el comentario sobre el jugador de ajedrez, se lo transmitiremos al comisario. Saludos.

  2. natalia camacho

    Buenos días,
    La exposición tiene catálogo?
    Si es así como podría comprarlo desde Madrid.
    Un saludo

    • Equip de redacció

      Hola, muchas gracias por el interés. La exposición tiene un catálogo, con imágenes de las obras y textos de Manuel Segade, Estrella de Diego y Adina Kamien-Kazhdan. Se puede comprar en nuestra tienda online: http://www.miroshop.com. También lo puedes encargar en librerías en Madrid como La Central o Tipos Infames. Saludos.

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