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Susana Carnicero es licenciada en Bellas Artes y ha cursado el posgrado de Estudios Mironianos. Su fascinación por el color como materia es el punto de partida de una descripción personal y subjetiva en la que una mancha de azul sobre un fondo blanco la lleva a realizar un recorrido por el simbolismo de este color a través de diferentes autores.

19_12_2018
Pintura-poema ("Photo. Ceci est la couleur de mes rêves"), 1925. Óleo sobre tela. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York. Donación de Pierre y Maria-Gaetana Matisse, 2002 © Successió Miró, 2018

Ceci est la couleur de mes rêves

Me encantan las tiendas de souvenirs de los museos. Aunque no suene muy cool o pueda resultar un tanto banal, me aproximo bastante al típico perfil de visitante museístico que, al finalizar el recorrido expositivo, se zambulle de cabeza en el consumismo de lápices, cuadernos y postales. Este —hasta ahora— inconfesable ritual culmina con la compra de cualquier objeto inútil, pero precioso, que, al llegar a casa, integro cuidadosamente en el pequeño paisaje fetichista de mi vida cotidiana. Y así es como podría comenzar esta historia.

Recién terminada la carrera, hice un viaje al extranjero y fue allí, en un museo neoyorquino, donde realicé la valiosísima adquisición de una tarjeta postal de la muy renombrada obra de Miró Pintura-poema (Photo. Ceci est la couleur de mes rêves). En aquel entonces, esta humilde firmante era poco entusiasta de la figura de Miró. Ignoraba que esta obra había sido realizada en el año 1925, durante el periodo de familiarización del artista con el entorno surrealista, y que dicha pintura marcaría un punto de inflexión en su carrera. Pero hubo algo que cautivó mi atención desde el primer momento: aquel punto azul. Aquella mancha que ensuciaba, como si de un error se tratara, la superficie de la pintura y que, como un flechazo, desviaba mi vista hacia la tipografía infantil que daba título a dicha obra: «Ceci est la couleur de mes rêves».

El color azul podría considerarse un elemento plástico relevante en la historia del arte. Muchos artistas le deben a esta gama cromática un gran reconocimiento, dado que es el vehículo inspirador de sus grandes creaciones. Personalmente, si nos remontamos a las vanguardias artísticas, me interesaría reseñar la época azul de Pablo Picasso, en la que sus lienzos se impregnarían de tonalidades frías con el fin de expresar un estado de ánimo melancólico. En el este de Europa, los componentes del Der Blaue Reiter (El jinete azul), encabezados por Kandinsky, integrarían en su pintura este color como símbolo de espiritualidad y eternidad. En Francia, Matisse, mediante sus telas salvajes, usaría la intensidad del azul como un vehículo expresivo cargado de emoción. Y, ya sin ir más lejos, podríamos mencionar también a Yves Klein, quien, cautivado por este color, acabaría patentando su propia marca: International Klein Blue.

Ermita de Sant Joan d’Horta, 1917. Óleo sobre cartón. Fundació Joan Miró, Barcelona. Donación de Joan Prats © Successió Miró, 2018

En el caso de nuestro artista catalán, el tratamiento que hace del azul no cabría considerarlo de un modo uniforme; el Miró de Ermita de Sant Joan d’Horta, 1917, que, fiel a los posimpresionistas franceses, baña el cielo del paisaje de tonalidades azules violáceas, realizando un juego de contrastes de frío y calor perceptibles por el espectador, no es el mismo que el que aparece en la posterior Pintura, 1934, cuyos paisajes animados se oscurecen al incorporar el artista dicho color, que realza el dramatismo de la escena pictórica.

Pintura, 1934. Óleo sobre tela. Fundació Joan Miró, Barcelona. Donación de Joan Prats © Successió Miró, 2018

Tampoco es la misma fórmula colorista la que Miró lleva a cabo en la mencionada Pintura-poema (Photo. Ceci est la couleur de mes rêves), 1925. En esta ocasión, el artista parece haberse liberado de los formalismos plásticos (perspectiva, volumen, contrastes lumínicos, etc.) para alcanzar su propio universo onírico. Y será a través de la caligrafía y de la mancha azul como logre hilvanar los campos de la poesía y la pintura. Esta tela, precursora de una etapa pictórica mironiana, plasma cuatro de los aspectos primordiales en el movimiento surrealista: la fotografía, la pintura, el sueño y el automatismo. Por un lado, la fotografía, como referente de una categoría artística defendida por el movimiento surrealista, en el sentido de progreso y de poder capturar de manera instantánea la realidad, y la pintura, representada por medio de la mancha —situada en la parte derecha de la composición y cuyo color azul vaticina una serie de telas posteriores—; se asemejará a una superficie fluida de color que permite al espectador traspasar todas las capas de pintura hasta llegar al soporte. Y, por otro lado, el sueño y la escritura automática, pilares de las doctrinas del movimiento liderado por André Breton. Se podría intuir que Pintura-poema (Photo. Ceci est la couleur de mes rêves) nos abre la puerta a las pinturas oníricas de los años 1925-1927, generalmente de fondos monocromos de color azul «éther azuré», como lo denomina Isabelle Monod-Fontaine en «Note sur les fonds colorés de Miró [1925-1927]»[1], donde la conservadora analiza la utilización del azul de la pintura que cubre los lienzos de esa época y cómo la suavidad de los trazos ejecutados por el artista nos transporta a una interpretación más espiritual.

Un buen ejemplo de ello sería Pintura (El guante blanco), 1925, cuyo fondo monocromo azul ha sido trabajado por el artista mediante diferentes recursos técnicos, como la utilización de capas diluidas, aguadas de color y pinceladas sueltas en las cuales la dirección de los brochazos se hace patente y se obtiene así la combinación de efectos de translucidez, transparencia y refracción —conceptos a los cuales alude el historiador Charles Palermo en su ensayo «Tactile Translucence: Miró, Leiris, Einstein»[2]— y se evoca en el espectador dicha idea de espacio atemporal y onírico.

Pintura (El guante blanco), 1925. Óleo sobre tela. Fundació Joan Miró, Barcelona © Successió Miró, 2018

Podría hacer alusión a muchas otras obras mironianas en las que el azul es protagonista, pero este modesto artículo no pretende empalagar al lector con el análisis plástico de una serie de pinturas, sino poner énfasis en esa vitalidad cromática que Miró identificaría como el color de sus sueños. En sus conversaciones con Georges Raillard[3], nuestro autor pone de manifiesto la idea de soñar despierto. Para él, aquellos momentos creativos de máxima actividad y energía desembocarían en su peculiar universo poético. Y son estas declaraciones del artista las que me hacen reflexionar, trasladando el pensamiento del maestro catalán a mi habitual rutina. Las palabras de Miró me estimulan, en la medida en que pongo en valor mi realidad más cercana y su inyección de color me hace apreciar desde las terrazas de la Fundació Joan Miró, lugar donde tengo la suerte de trabajar, el azul del cielo y el abanico cromático de una ciudad que me enamora, Barcelona.

Edición: Bernat Pujadas

[1] Monod-Fontaine, Isabel. «Note sur les fonds colorés de Miró [1925-1927]». En: Joan Miró 1917-1934, La Naissance du monde. París: Editions du Centre Pompidou, 2004, p. 70.

[2] Palermo, Charles. «Tactile Translucence: Miró, Leiris, Einstein». October. MIT Press, Boston, verano de 2001, n.º 97, p. 33.

[3] Miró. El color de mis sueños. Diálogos de Georges Raillard. Barcelona: Editorial Gedisa, 2018, p. 83.

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1 comentario

  1. Pablo

    Simplemente chapeaux por el artículo, excelente experta en arte y escritora, bravo!

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