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Joan Miró mostró su compromiso social y cultural a través de su producción de carteles. Él consideraba que la creación artística tenía que ir vinculada a la responsabilidad cívica.

Mercè Sabartés forma parte del equipo de Comunicación de la Fundació Joan Miró y es posgraduada en Estudios Mironianos (UOC). En este artículo se adentra en la faceta reivindicativa de Miró y explica como, para el artista, su voz era inseparable de su compromiso con la comunidad.

03_12_2019
Centenari del Centre Excursionista de Catalunya, 1976 © Successió Miró, 2019

El compromiso con la defensa de las libertades y de la identidad catalana

Joan Miró fue un artista comprometido con su tiempo. Lo demostró con su participación en el pabellón español de la Exposición Internacional de París, donde realizó el mural Le Faucheur (1937), o con la creación del sello Aidez l’Espagne a fin de recaudar fondos para el Gobierno de la República. Pero, sin duda, fue a partir de los   años sesenta cuando su compromiso con las libertades y la identidad catalana se hizo más evidente a raíz de sus declaraciones y, sobre todo, por la voluntad de colaborar y vincularse de forma desinteresada con causas relacionadas con la lucha por la cultura y los derechos humanos a través de la producción de carteles.

Joan Miró en el pabellón español de la Exposición Internacional de París, 1937. Autor desconocido – Cortesía Successió Miró

A partir de los años cuarenta, Miró empieza a interesarse por las técnicas del grabado, que le permiten crear un arte que llegue al máximo número de personas, y a huir de la pintura de caballete y de la especulación monetaria del arte. ¿Cómo? «Poniendo carteles en la calle, como he hecho a menudo, o bien por medio de la escultura, el grabado…», como confiesa a Raillard.[1] El cartel interesa a Miró porque conjuga toda una serie de elementos muy importantes para él: es una obra colectiva y, por lo tanto, se aproxima al anonimato, representa la colaboración con artesanos grabadores; es una obra mural, para todo el mundo, que llena las ciudades, y a la vez es efímera, nace con voluntad de desaparición: más tarde o más temprano, vendrán otros carteles a tapar el anterior.

Coincidiendo con la exposición en el Hospital de la Santa Creu del año 1968, la producción de carteles de Miró crece, probablemente porque las instituciones catalanas lo redescubren y piensan que un artista de su trascendencia internacional contribuirá a dar relieve y prestigio a sus reivindicaciones. Así se lo expresa el artista a Raillard: «Se dirigen a mí, un poco, como a un patriarca. Me alegra que me pidan cosas. Sobre todo porque las autoridades oficiales siempre hicieron todo lo posible para que yo fuera un desconocido en mi país, mientras que era muy conocido en todas partes; para mí fue muy duro».[2]

Aquel mismo año, Miró realiza el cartel para el Primero de Mayo, Día Mundial del Trabajo. Pere Portabella recuerda el encargo: «[…] fuimos a verle al Hotel Colón, a petición de los dirigentes de Comisiones Obreras, para pedirle que hiciese el cartel del Primero de Mayo. Y aquí está el cartel de la convocatoria de las manifestaciones, en aquel entonces consideradas ilegales».[3] En este caso, Miró se posiciona claramente a favor de los derechos de los trabajadores, olvidados por un régimen que prohibía los sindicatos, salvo el vertical, obligatorio para todo el mundo.

1er. de maig 1968, 1968. Fundació Joan Miró, Barcelona. © Successió Miró, 2019

Ese mismo año, Barcelona aparece empapelada de carteles con el lema «Salvat Català» para anunciar el primer diccionario enciclopédico en catalán de la Editorial Salvat. Un cartel con doble lectura: anunciar el diccionario, pero también jugar con «Salva’t, català», un llamamiento a la necesidad de recuperar el idioma del país, maltratado por una dictadura que lo relegaba al ámbito familiar.

Salvat Català, 1968. Fundació Joan Miró, Barcelona. © Successió Miró, 2019

En esta misma línea, Miró crea, en 1974, un cartel para Òmnium Cultural, una entidad creada en 1961 para suplir a las instituciones culturales catalanas. El cartel interroga directamente al espectador: «Ja ajudeu la cultura catalana?» («¿Ayudáis a la cultura catalana?»).

Òmnium Cultural. Ja ajudeu la cultura catalana?, 1974. Fundació Joan Miró, Barcelona. © Successió Miró, 2019

Pero la cultura catalana no es solamente la lengua, es la sociedad entera la que conforma la cultura del país, y Miró lo sabe bien, por eso hace el cartel de aniversario del Fútbol Club Barcelona. Con respecto a este cartel, Miró explica: «El último grabado es para el Barça (es un equipo de fútbol, ¿lo conoces?). Es para celebrar el 75.º aniversario […]. Esto afecta realmente a cientos de miles de personas y dará la vuelta al mundo. Eh, no es Barcelona: es todo el mundo».[4]

Barça. Futbol Club Barcelona. 75 Aniversari, 1974. Fundació Joan Miró, Barcelona. © Successió Miró, 2019

La actividad de Miró como cartelista se incrementará aún más tras la muerte de Franco, un momento de incertidumbre, de transición, en el que toda la sociedad catalana reclama el reconocimiento de su cultura y sus instituciones. Miró recibe a Raillard en 1975 y empieza su conversación hablando sobre el cartel que prepara para la aparición del diario Avui: «Esto que ves aquí es un proyecto de cartel para el primer diario en catalán después de cuarenta y cinco años. […] Hace cuarenta y cinco años que trabajo para la cultura catalana. […] Y más adelante, después de la Guerra Civil y de la victoria del franquismo, a menudo me sentí desanimado, pero hoy, con este cartel, comienza algo nuevo. Igual que aquí, un cartel para unos excursionistas catalanes […]. Durante todos estos años, Cataluña, a pesar de todo, no ha parado de germinar».[5]

Avui. Diari en català, 1975. Fundació Joan Miró, Barcelona. © Successió Miró, 2019

Y las instituciones, efectivamente, trabajan y luchan por la cultura catalana. Como si se tratase de la respuesta a la pregunta planteada en el cartel de Òmnium, en 1977 se celebra el Congreso de Cultura Catalana, que logra un gran eco en la ciudadanía. La Fundació Joan Miró presenta la exposición Qué es y qué ha sido la cultura catalana, y Miró, nunca ajeno a cuanto sucede a su alrededor, realiza el cartel.

Congrés de Cultura Catalana, 1977. Fundació Joan Miró, Barcelona. © Successió Miró, 2019

Ese mismo año, la Asamblea de Cataluña, una organización que reúne a partidos políticos y entidades culturales y ciudadanas, lanza la campaña «Volem l’Estatut» («Queremos el Estatuto») y encarga el cartel a Joan Miró. No llegó a difundirse, pero para Miró tuvo una gran trascendencia, tal y como comenta a Raillard: «[…] quería mostrar una fuerza, nada más que una fuerza […]. En las calles de Barcelona hay “graffitti” por todas partes, y quise integrarme en ellos: solamente un grafismo fuerte y las cuatro barras de nuestro emblema. Esos carteles distribuidos por toda la ciudad, en todas las calles, son la voluntad del pueblo catalán, la de los “graffitti”. […] Rojo, amarillo, azul, verde, negro, muy violento. ¡Zas! La victoria de la vitalidad. Ahí está».[6]

Proyecto para el cartel Volem l’Estatut, 1977. Fundació Joan Miró, Barcelona. © Successió Miró, 2019

A través de la producción de carteles, Miró muestra la implicación del artista en las reivindicaciones sociales. Seguramente esto tiene mucho que ver con la responsabilidad cívica que Miró consideraba fundamental en el arte, como dejó claro en su discurso de aceptación del título de doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona en 1979: «Entiendo que un artista es alguien que, entre el silencio de los demás, utiliza su voz para decir algo, y que tiene la obligación de que ese algo no sea inútil, sino algo que sirva a los hombres. Que el hecho de poder decir algo, cuando la mayor parte de la gente no tiene opción para expresarse, le obliga a que esta voz […] sea, en cierto modo, la voz de su comunidad. Que cuando un artista habla desde un país como el nuestro, cruelmente marginado por una historia adversa, es necesario que haga escuchar su voz por el mundo, para afirmar, contra todas las ignorancias, todos los malentendidos y todas las malas fes, que Cataluña existe, que es original y está viva».[7].

 

 

 

[1] Raillard, Georges. Joan Miró. El color dels meus somnis. Converses amb Georges Raillard. Palma: Lleonard Muntaner Editor, 2009, p. 26.

[2] Raillard, Georges. Conversaciones con Miró. Barcelona: Gedisa, 1993, p. 233.

[3] Portabella, Pere. «Miró l’altre». En: Malet, Rosa Maria. Joan Miró 1956-1983. Sentiment, emoció, gest. Barcelona: Fundació Joan Miró, 2006, p. 44.

[4] Miró, Joan. Miró parle. París: Maeght éditeur, 2003, p. 31.

[5] Raillard, Georges. Joan Miró. El color dels meus somnis. Converses amb Georges Raillard. Palma: Lleonard Muntaner Editor, 2009, p. 19.

[6] Raillard, Georges. Conversaciones con Miró. Barcelona: Gedisa, 1993, p. 232-233.

[7] Discurso de Joan Miró con motivo de su nombramiento como doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona, 2 de octubre de 1979. En: Malet, Rosa Maria. Joan Miró. Barcelona: Edicions 62, 1992, p.7. (Col·lecció Pere Vergés; 47).

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