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Coincidiendo con la presentación en la Fundación de la exposición Miró-ADLAN. Un archivo de la modernidad (1932-1936), publicamos esta entrevista a Teresa Montaner, responsable de Colecciones y del Archivo de la Fundació Joan Miró.

El Archivo de la Fundació Joan Miró: conciencia y responsabilidad de un legado

Emoción y respeto

En el Archivo de la Fundación uno entra en silencio y casi de puntillas. No porque lo marque ningún protocolo, sino sencillamente porque sabes que estás entrando en el universo más íntimo del artista. Teresa Montaner es desde hace años la responsable del Archivo y nos cuenta la primera vez que pudo acceder a los «papeles» Miró gracias a Rosa Maria Malet, la entonces directora de la Fundación, y a Carme Escudero, en aquel momento responsable de Conservación.

Ella conocía al Miró de la obra concluida, el que se estudiaba en la universidad, por encima, porque había que ver toda la historia del arte moderno, y también al que había visitado en las salas de los museos. En ese momento, Alexandre Cirici ya se había referido a los «papeles» Miró, Gaëtan Picon había publicado los Cuadernos catalanes y Pere Gimferrer estaba preparando Las raíces de Miró, pero en la universidad raramente se abordaba un artista desde su proceso de trabajo. «Descubrir al Miró dibujante fue emocionante, por el desconocimiento de la existencia de aquellos documentos y por la conciencia de hallarte ante su obra primigenia. También sientes un gran respeto hacia el artista, por haber sabido preservar los bocetos de toda una vida a pesar de los acontecimientos que tuvo que vivir, con conflictos bélicos y numerosos cambios de residencia y de talleres, y agradecimiento, por haber querido donar ese inmenso legado a la Fundación y al mundo».

La conciencia de un legado

En 1911, a los dieciocho años, Miró escribe a sus padres con el convencimiento de que algún día llegará a «ocupar un buen puesto en la pintura». Por lo que se desprende de estas palabras, Miró tiene la convicción de que jugará un papel importante en la pintura y en la sociedad. En su discurso pronunciado en 1979 con motivo de su nombramiento como doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona, habla de la «especial responsabilidad cívica». El artista, dice Miró, «es alguien que, entre el silencio de los demás, utiliza su voz para decir algo, y que tiene la obligación de que ese algo no sea inútil, sino que sea provechoso para los hombres».

Anotaciones. c 1942, Fundació Joan Miró.

¿Es acaso por dicha conciencia de querer trascender brindando «un servicio a los demás» que Miró guardó celosamente todos sus dibujos, cartas y documentos a través de los tiempos y de los diferentes paisajes?

«Creo que los motivos son múltiples. Está claro que la voluntad de trascender está ahí, forma parte de nuestra cultura. En 1931, por ejemplo, Miró empieza un libro de registro donde anota títulos, fechas y a veces también el nombre del propietario al que había ido a parar su obra. Ese mismo año, poco antes de que Picasso inaugurara en París su primera exposición retrospectiva y Zervos empezase a preparar el catálogo de toda su obra, Miró escribe a su amigo Josep Francesc Ràfols, con quien había mantenido una copiosa correspondencia, y le pide que guarde todas las cartas que se habían escrito el uno al otro, porque en el futuro podrían ser importantes. Cuando, años después, Jacques Dupin se puso a escribir su biografía, Miró lo guio hacia las cartas que había compartido con sus amigos. Por lo tanto, tenía el convencimiento de que un día llegaría a ser alguien importante en el mundo del arte. Conservar sus dibujos y sus anotaciones era una manera de inventariar su pintura hasta que no llegase su catálogo. Pero también era el instrumento que le permitía llevar a cabo una revisión de su obra. Mientras que hoy en día las pinturas más importantes de Miró se encuentran en distintos museos de todo el mundo, en ese momento la mayor parte de su obra iba a parar a colecciones privadas y el artista las perdía de vista».

Cubierta de libro de notas. 1931, Fundació Joan Miró.

Actualmente, el Archivo de la Fundación, creado por voluntad de Joan Miró, guarda unos 10.000 documentos del artista de todas las épocas, entre dibujos preparatorios, anotaciones, maquetas, correspondencia y documentación varia. Además, conserva la obra gráfica y litográfica del artista casi completa, que incluye algunas pruebas de artista y los libros ilustrados que realizó gracias a su buena relación con los poetas y al deseo de trascender los límites de la pintura. Ahora todo este fondo se guarda en cajones, dentro de cajas y camisas de conservación, inventariados y categorizados.

«Este fondo llegó a Barcelona procedente de los talleres que Miró tenía en Palma. Las primeras donaciones datan de junio de 1975 y abril de 1976, coincidiendo con la apertura de la Fundación. La segunda donación se hizo efectiva en noviembre de 1987, después de la muerte del artista. A lo largo de los años, el fondo documental de la Fundación se ha incrementado con donaciones y depósitos de propietarios privados y de familiares y amigos de Miró. Entre estas obras hay que destacar algunos epistolarios muy interesantes, así como la biblioteca personal del artista. Es un fondo que refleja su manera de pensar y de hacer».

Pensar dibujando

Cuando hablamos del pensamiento de Miró, Teresa se expresa con pasión. Este fondo no solo reúne los bocetos o dibujos preparatorios de Miró, sino también una parte importante del pensamiento del artista: «Sobre todo, nos han llegado reflexiones suyas a través de algunos cuadernos de los años cuarenta. Se trata de pensamientos que Miró escribe entre Mallorca y Mont-roig, donde vive sin hacerse notar desde que decidió regresar del exilio, cuando el ejército nazi invadió Francia. Miró nos habla de su recogimiento espiritual, de cómo afrontar la situación del momento, de no preocuparse si una obra queda inconclusa, porque lo que realmente importa no es la obra en sí, sino la trayectoria de toda una vida y cómo dicha trayectoria repercutirá en los demás. Hasta los años cincuenta, el fondo de dibujos y documentos que se conserva en la Fundación fue seleccionado con esmero por el artista. Está formado principalmente por cuadernos y, en la mayoría de los casos, solo conservó el último dibujo. Miró cuenta en algunas de sus entrevistas que, en 1956, cuando se instaló de forma definitiva en Palma, donde su amigo, el arquitecto Josep Lluís Sert, le había diseñado un taller, hizo una severa autocrítica de su obra y destruyó muchos dibujos. Los que realizó con posterioridad muestran su método de trabajo, con muchos más esbozos para una sola obra y con infinidad de proyectos que jamás fueron llevados a cabo».

Dibujos preliminares de La sieste (La siesta), 1925, Fundació Joan Miró.

Trabajo y método

Le preguntamos por alguna pieza relevante. «¡Todas! ¡El conjunto! Me vienen a la memoria los cuadernos de dibujos de los años veinte y treinta, gracias a los cuales Carolyn Lanchner puso de relieve el método de trabajo en series de Miró. Pero incluso los dibujos que nunca se llegaron a materializar son importantes, cada uno de ellos es el resultado de un choque que le servirá para lograr nuevos objetivos. Pienso en el cuaderno de dibujos que permaneció en Barcelona cuando se exilió a París en 1936 y que por un breve periodo de tiempo le impidió continuar pintando. O en el cuaderno de Varengeville-sur-Mer, que creyó haber perdido en el trayecto de regreso a Cataluña y volvió a dibujarlo de memoria. Nunca llegó a desarrollarlo, pero estoy convencida de que el hecho de retrabajarlo le sirvió para tomar conciencia del momento en el que se encontraba».

Existen varias tipologías de estos «papeles», como los denominaba Cirici: los bocetos para pinturas y dibujos y los bocetos para las esculturas. «Los primeros, salvo los de formación, todavía muy figurativos, responden a impulsos diversos. Una misma pintura puede tener diferentes bocetos, que pueden considerarse como fases de un proceso, el cual, a veces, incluso puede durar años. A través de estos dibujos vemos como el lenguaje de Miró poco a poco se va sintetizando hasta eliminar de su obra cualquier representación del mundo real. Para la escultura, en cambio, el punto de partida es distinto. Son los propios objetos que la conforman los que le producen el choque. Aquí él parte de la realidad, acopla los objetos al suelo y, antes de hacer el molde, los dibuja. Podríamos decir que, sobre todo, actúan de recordatorio. Por otro lado, también hay dibujos que responden a revisiones de su obra pasada, a los cuales vuelve en momentos muy concretos de su trayectoria para poder encarar el futuro. Yo creo que, en este sentido, tener a mano toda su colección de bocetos le fue de gran ayuda».

Dibujo preliminar, objetos acoplados de escultura y obra final de Mujer y pájaro, 1967. Fundació Joan Miró.

Le preguntamos si ella a veces también tiene dudas de qué dirección debe tomar, si el trabajo del Archivo es un trabajo solitario, si siente el peso de la responsabilidad… «Tenemos la responsabilidad de conservar este patrimonio que nos ha sido legado en las mejores condiciones. Esta tarea la llevamos a cabo junto con conservadores especialistas en papel, pero también tenemos la responsabilidad de documentar y revisar este material para que esté al alcance de todo el mundo. Y no diría que el trabajo del Archivo sea solitario, más bien todo lo contrario. Los que trabajamos en el Archivo tenemos muchas oportunidades de compartir información y conocimiento con los investigadores. Contribuir a la investigación de Miró, ya sea de forma directa o indirecta, es uno de los objetivos de la Fundación y también es una satisfacción para nosotros».

Con vocación de servicio

La importancia de los archivos es la relectura constante, la recepción que tiene lugar en cada época, en cada momento, de un determinado legado. Aspectos que pueden pasar desapercibidos para una generación luego pueden ser muy relevantes. «A veces tenemos que arrojar luz a la información. Y por eso también debemos tejer una red proactiva con otros archivos —sobre todo con los que también tienen obra de Miró—, con las universidades, con los estudiosos. Esta es la visión de futuro de Marko Daniel, el actual director de la Fundación. Facilitar la investigación, acercar la obra de Miró a través del fondo documental y de dibujos y compartir conocimiento».

Anotaciones. Escultura y taller II. c 1943, Fundació Joan Miró

Si no existiese este archivo, sabríamos mucho menos del proceso de trabajo de Miró, de su pensamiento, de su voluntad de llegar a la síntesis máxima de las cosas, de la organización metódica de su trabajo por series. No sabríamos que el artista volvía y volvía una y otra vez a una misma obra, años después.

Y custodiar este fondo nos hace pensar de nuevo en el sentido de las palabras de Miró: «Un artista es alguien que, entre el silencio de los demás, utiliza su voz para decir algo, y que tiene la obligación de que ese algo no sea inútil, sino que sea provechoso para los hombres». Y en la Fundación tenemos la obligación de poner al alcance del público este gran legado a fin de que sea provechoso para la sociedad.

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