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El ciclo del Espai 13 para el curso 2016-2017, Un pie fuera. Expediciones y diásporas, presenta seis trabajos artísticos realizados desde la periferia de los circuitos habituales del arte contemporáneo. A mitad del recorrido del ciclo, Eloy Fernández Porta, ensayista y escritor, aborda la idea de la periferia desde la ficción en forma de siete relatos breves.

Paisajes de presión © Kathrin Golda-Pongratz

Habitantes de Nobarnimad

Siete ficciones periféricas y una fábula centralista

Los círculos concéntricos del café. El centralismo es el resultado de una larga serie de acciones cotidianas, a menudo inconscientes, principalmente involuntarias, realizadas por un montón de agentes sociales. Algunos de ellos nacieron en el Centro. Otros se trasladaron allí, porque les pareció que podrían encontrar ciertas cosas que no había en su localidad de origen, o tal vez no supieron verlas. Muchos son habitantes de espacios periferizados que, a menudo, depositan más confianza en las producciones culturales de la capital que en las propuestas de proximidad —y se fían más de un periodista capitalino con quien no han coincidido nunca que del vecino que escribe una columna en el periódico local, y a quien ven, cada mañana, pidiendo un cortado corto de café en la mesa de al lado del bar donde desayunan.

Los nobarnimadienses son muy suyos. Los ciudadanos que no residen en Barcelona ni en Madrid constituyen, desde la perspectiva de los media de ambas ciudades, una nacionalidad difusa, definida por una carencia doble y por una periferización dual. Cuando un nobarnimadiense alcanza el éxito sin que hayan dado su visto bueno los periodistas de ambas capitales, estos se ponen de mal humor, lo tildan de «montaje» y lanzan acusaciones muy graves. En cambio, si en alguna localidad de Nobarnimad hacen un aeropuerto, lo encuentran muy divertido. ¡Ay, esos nobarnimadienses! ¿Habráse visto que alguien quiera despegar sin pasar por Barajas ni por El Prat? Ya se sabe, los alcaldes… Las corruptelas de proximidad… La demagogia de ateneo…

En la Rambla de Preciados. En las noticias de la televisión estatal a los nobarnimadienses les dejan ver la Gente de A Pie y los de Arriba. La Gente de A Pie es una señora que sale pensando en voz alta delante de la FNAC de Preciados o en la Rambla de les Flors, de espaldas a La Boqueria. Los de Arriba son tipos encorbatados que hablan delante de un Tàpies, que puede ser Las cuatro grandes crónicas o el Jeu de paume. Hay un pasaje meado que conecta la Rambla con Preciados, pero no se te ocurra pasar por ahí, está petado de yonquis que vienen de Valdemingómez y de La Mina. Hay un Tàpies que no está ni en el Palau de la Generalitat ni en la Moncloa, pero no lo mires, es una obra menor y además es abstracta, en ella no está representada ninguna realidad capitalina. Debió de pintarlo por dinero.

El himno de la doble capitalidad. Fue un encargo doble al músico Joan Manuel Cerral, que compuso el chotis muy nuestro Las chulapas de La Rambla: «Venen flors per a turistes, / sembren flors a tots els vents, / y alfombrarte con claveles la Gran Vía / y a bañarte con vinillo de Jerez».

El nobarnimadismo es un ismo. Lo es. A veces los media capitalinos lo defienden sin que ningún empresario capitalino saque ningún beneficio directo. Lo hacen porque son mundialistas, porque detestan las jerarquías, porque la terca belleza periférica del territorio enciende su sentido de la estética (que es la ética del futuro).

El barrio y el globo. En las noticias de ámbito estatal los nobarnimadienses aprenden que algunas villas privilegiadas tienen barrios. Cuando explota una bombona de butano en Soria, eso ocurre en Soria. Cuando en Lleida hay un crimen, ha ocurrido en Lleida. En cambio, cuando un hecho de crónica negra sucede en Barcelona, el presentador explica que ha tenido lugar en «La Verneda» o en «Les Corts» o en algún otro distrito. También en la capital de la Submeseta hay barrios pintorescos que, según parece, son el escenario preferido de las personas de carácter pasional, y de los accidentados, y de los torpes, que no pueden sufrir el ambiente aburrido de La Latina ni las rutinas indoloras de Nuevos Ministerios.

El metropolitano periférico. La acogedora sonoridad de los nombres de sus respectivos barrios no es lo único que los vecinos del distrito madrileño de Pacífico tienen en común con los residentes del área barcelonesa de El Bon Pastor. Hay aun otra cosa que en ambas zonas saben muy bien, y la podrían explicar, con variantes y coincidencias: que es posible ser metropolitano y periférico a la vez, y te puede tocar oír, en estéreo, como tus conciudadanos te llaman «periférico» mientras en el resto de la comunidad autónoma —que, en ambos casos, no es del todo una comunidad autónoma, sino algo más, o menos— te tildan de «centralista».

El provincialismo metropolitano. El New York Times —decía, con sorna, el escritor norteamericano Mark Leyner— tiene un suplemento de cultura muy cosmopolita: en sus páginas encontrarás todo lo que hay que saber sobre todos los autores que residen en las seis o siete manzanas principales del sur del barrio de TriBeCa. Más allá de la séptima casa —Finis Terrae— se extienden los dominios de lo desconocido: una presuntuosa y superpoblada periferia llamada «el Mundo».

La lista de reproducción Nobarnimad es parte de la investigación del grupo de trabajo Rèpica i eros, formado por Mònica Sánchez, Ignasi López y Eloy Fernández Porta, en el marco del proyecto colectivo Terra.Lab.Cat.

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