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La estrella matinal es una de las 23 Constelaciones que Miró pintó entre 1940 y 1941, movido por un deseo de evasión de la realidad justo después del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Este conjunto de piezas conforman una visión idealizada de un mundo de seres celestes. Desde su creación, han sido expuestas casi al completo en tres ocasiones en Nueva York.

Ahora, Acquavella Galleries ha conseguido agrupar la serie prácticamente íntegra en la exposición Miró: Constellations, abierta del 20 de abril al 26 de mayo de 2017. Ester Ramos, historiadora del arte y ayudante de conservación de la Fundació, habla de la reunión de las Constelaciones como un hecho histórico y relata la importancia de esta serie en la vida y la obra de Miró.

La estrella matinal es la constelación número 6, pertenece a la colección de la Fundació Joan Miró y fue una donación de Pilar Juncosa de Miró. Mientras esta pieza se reúne con el resto de la serie en Acquavella Galleries, Pace Gallery ha organizado, simultáneamente, la exposición Calder: Constellations, con la serie de esculturas de Alexander Calder.

05_05_2017
L'Étoile matinale (La estrella matinal), Joan Miró, 1940

La estrella matinal vuela a los Estados Unidos para reunirse con el resto de Constelaciones

Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Miró encuentra refugio en Varengeville-sur-Mer, un pueblecito de Normandía donde, en enero de 1940, inicia una serie de obras sobre papel con las que él mismo reconoce «haber alcanzado un alto grado de poesía»[1]. Ese año, en una carta dirigida a Pierre Matisse, su marchante en los Estados Unidos, le avanza: «Ahora estoy trabajando en una serie de quince a veinte pinturas, a la témpera i al óleo, dimensiones de 38 x 46, que se ha vuelto extremamente importante»[2]. Este conjunto de obras daría lugar a la llamada serie Constelaciones.

La escasez de medios durante los años de la guerra hizo que Miró trabajase estas «pinturas» sobre papel y en pequeño formato. Sin embargo, él las consideraría desde un primer momento como obras mayores, tan grandes y trascendentales como sus principales telas.

Joan Miró y su hija Dolors, Varengeville-sur-Mer, c. 1939. Foto: Leonar Leigrano

Con la invasión de Francia por el ejército nazi, Miró y su familia deciden regresar a España. Acuerdan que Pilar, su esposa, se hará cargo de su hija, y Miró, de los diez gouaches realizados durante su estancia en Varengeville-sur-Mer. En Palma realizará los diez siguientes y más tarde, en verano de 1941, concluirá la serie en Mont-roig, en el Camp de Tarragona, con un total de 23 gouaches.

Miró se evade de las terribles circunstancias del momento dedicándose casi de lleno a la realización de estas pinturas, que ya estaban adquiriendo una relevancia extrema dentro del conjunto de su obra. Para André Breton, estos gouaches configuraron la primera serie propiamente dicha llevada a cabo por Miró hasta aquel entonces[3]. Todos ellos comparten idénticos soporte, tamaño y procedimiento técnico, así como un mismo lenguaje pictórico.

Fruto de la concentración que experimenta durante su aislamiento, primero, en Varengeville-sur-Mer y, más tarde, en Palma, Miró consolida con las Constelaciones un nuevo lenguaje de signos: «Sentí un profundo deseo de escapar. Me encerré a propósito en mi mismo. La noche, la música y las estrellas empezaron a jugar un papel más importante a la hora de sugerirme las pinturas […]»[4]. Los símbolos invaden paulatinamente las composiciones pictóricas; el firmamento, el sol, las estrellas, los pájaros, la mujer, los amantes… El signo es su máximo protagonista, es la clave de un nuevo vocabulario que a partir de este momento prevaldrá en la obra mironiana.

Al mismo tiempo, con las Constelaciones Miró retoma el estrecho vínculo con la poesía que, a mediados de los años veinte, pudo apreciarse en sus primeras pinturas-poemas. Miró otorgó a cada uno de los gouaches de esta serie un título poético visible en el dorso. Desde un primer momento, la voluntad de Miró fue que sus Constelaciones pudiesen exponerse de manera conjunta, por orden de realización y visibles tanto por la parte de la pintura como por el dorso. El objetivo era que el título, «redactado en forma de esquema de poema»[5], se pudiese contemplar al mismo nivel que la pintura.

La estrella matinal y el dorso de la obra

Desgraciadamente, la primera vez que se expuso la serie, en la Pierre Matisse Gallery de Nueva York, en 1945, Miró se llevó una decepción: tan solo 16 de los 23 gouaches fueron expuestos conjuntamente. Aun así, la muestra supuso un gran éxito, ya que logró, según Pierre Matisse, «un grado sin precedente de intensidad poética y, tanto en el color como en la línea, un dominio deslumbrante»[6]. A la vez, la exposición tuvo una gran repercusión entre los jóvenes artistas norteamericanos, para los que, como es el caso de Jackson Pollock, estas pinturas representaron la clave para explorar sus propios universos simbólicos, así como una nueva manera de entender la pintura yendo más allá de los límites físicos de la tela.

De nuevo, en 1957, se intentó reunir el máximo número posible de Constelaciones, pero una vez más el resultado expositivo no fue el que Miró había anhelado. No fue hasta 1993, año del centenario del nacimiento del artista, que Carolyn Lanchner, comisaria de la muestra retrospectiva «Joan Miró» en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), consiguió, por fin, reunir los 23 gouaches.

Han pasado más de dos décadas desde que el MoMA expuso por vez primera en la historia del arte contemporáneo la serie completa de las Constelaciones. Ahora, durante el próximo mes, Acquavella Galleries la mostrará de nuevo, casi al completo, en su sede de la calle 79 entre Madison y la Quinta Avenida.

No sabemos si es por la coincidencia del número 23, el número total de gouaches y los años que hacía que no se reunían. Lo cierto es que Acquavella Galleries ha logrado el encomiable hito de congregar, de nuevo bajo cielo neoyorquino, prácticamente toda la serie de Constelaciones. Para Miró, «una de las cosas más importantes que habré hecho»[7].

[1,2 y 7] Carta de Joan Miró a Pierre Matisse, 12 de enero de 1940. En: Rowell, Margit (ed.). Joan Miró. Selected Writings and Interviews. Boston: G.K. Hall & Co., 1986, p. 168.

[3] Breton, André. «Constellations de Joan Miró». París: L’Oeil. Núm. 48 (diciembre 1958), p. 51. En: Rubin, William. Miró in the Collection of the Museum of Modern Art. Nueva York: The Museum of Modern Art, 1973, p. 81.

[4] Sweeney, James Johnson. Joan Miró: Comment and Interview. Nueva York: Partisan Review. Vol. 15, núm. 2 (febrero 1948), p. 210-211. En: Malet, Rosa Maria (ed.). Joan Miró 1893-1993. Barcelona: Fundació Joan Miró, 1993, p. 374

[5] Carta de Joan Miró a Joan Prats, 8 de diciembre de 1941. En: Ainaud de Lasarte, Joan (establecido); Minguet, Joan M.; Montaner, Teresa; Santanach, Joan (ed.). Joan Miró: Epistolari català 1911-1945. Barcelona: Editorial Barcino; Fundació Joan Miró, 2009, p. 612.

[6] Carta de Pierre Matisse a Joan Miró, 17 de enero de 1945. En: Lanchner, Carolyn. Joan Miró. Nueva York: The Museum of Modern Art, 1993, p. 337.

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