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Este mes de mayo se cumplen cincuenta años de la exposición Miró, otro en el COAC, la primera exposición de tesis organizada sobre la obra de Joan Miró que evidenciaba el carácter reivindicativo de su obra.

En este artículo, recuperamos un texto de Cristian Cirici que publicamos hace años en la sección «Trazos» de la revista electrónica Carnet y que relata la génesis del proyecto.

29_05_2019
Fotograma del film "Miró, l'altre", de Pere Portabella, 1969

ORIM

Era finales de 1968 cuando los arquitectos socios de Studio PER (Pep Bonet, Cristian Cirici, Lluís Clotet y Oscar Tusquets), con veintisiete años recién cumplidos, recibimos del Colegio de Arquitectos de Cataluña y Baleares el encargo de realizar el guion y el montaje en la sede colegial de una contraexposición —que titulamos Orim, otro (Miró escrito de derecha a izquierda)— de la exposición antológica organizada por el Ayuntamiento de Barcelona en el marco gótico del antiguo Hospital de la Santa Creu.

Cartel y programa de mano de la exposición Miró, otro, 1969

Pese a las dificultades que la dictadura del general Franco representaba para la apertura hacia el extranjero, nos sentíamos muy próximos a los acontecimientos de mayo del 68 en París. Barcelona era, en aquel entonces, una ciudad más cosmopolita que ahora, que no deja de ser una ciudad a la que el éxito turístico le va diluyendo la personalidad. Y conservamos un recuerdo imborrable de aquellos meses en que estuvimos trabajando en el proyecto, asesorados por Joan Brossa, Alexandre Cirici, Pere Portabella, Joan Prats y Antoni Tàpies, y sobre todo del contacto con Joan Miró.

En el transcurso de una cena en el Reno, le mostramos a Joan Miró nuestro guion, le pedimos una intervención personal sobre los cristales que rodean la planta baja del Colegio y fijamos una fecha para visitar su estudio de Mallorca y escoger algunas pinturas originales para la exposición. Al estudio de Miró fuimos Oscar Tusquets y yo mismo. Su casa era bastante kitsch. Una pecera situada sobre una especie de parterre interior era el elemento arquitectónico que mejor recuerdo de la sala de estar donde aguardamos a que bajara de su dormitorio. Se excusó diciendo que aquel era el terreno de su esposa Pilar, que tenía un hermano arquitecto que les había obsequiado con el proyecto. Enseguida nos condujo a su estudio, un edificio de gran calidad arquitectónica y muy vivido por Miró, repleto de obra suya en curso de ejecución, recortes de revistas y periódicos y diversos objetos de arte primitivo africano. Las pinturas en las que estaba trabajando nos impresionaron mucho.

Nuestro guion planteaba dividir la exposición en dos espacios bien diferenciados, separados por la escalera que conduce a la denominada Sala Picasso y que proponíamos cerrar lateralmente y por arriba para dar la impresión de un túnel en pendiente acusada. El espacio inferior estaría dedicado al Miró anterior a la Guerra Civil; el espacio de arriba, al Miró posterior a la guerra. El túnel-escalera entre ambos espacios simbolizaría la época oscura de la guerra, y en él se proyectaría una película que encargamos a Pere Portabella.

Salas de la exposición Miró, otro en el COAC

Diseñamos los diferentes rincones y vitrinas que debían alojar los cuadros y objetos de la exposición, con los materiales propios de los encofrados que nos proporcionó desinteresadamente la empresa constructora que más apreciábamos en aquel tiempo, y que por desgracia ha desaparecido del mercado: Famadas, SA.

En cuanto al contenido, a pesar de que Miró, Prats y Tàpies nos ofrecieron obras originales de sus colecciones particulares, utilizamos solo aquellas obras que brindaban mayores posibilidades didácticas y que reflejaban una actitud más contestataria. Las grandes obras no nos interesaban, puesto que ya podían verse en la gran muestra del Hospital de la Santa Creu.

Buena parte de nuestra exposición consistía en una selección de fotografías ampliadas de fragmentos de cuadros en los que estaba presente la simbología de Miró, como el sexo femenino representado por unos labios genitales velludos o bien curas pasando por el aro, tal como puede verse en los grabados de la serie Barcelona. Pero en nuestro guion figuraba, además, pedirle a Joan Miró que llevara a cabo alguna intervención en los cristales que rodean la planta baja de la sede del Colegio de Arquitectos, en la plaza Nova. Nosotros imaginábamos que, en el mejor de los casos, estamparía su firma, pero su respuesta entusiasta consistió en ofrecerse a pintar un mural con cuatro colores y negro. A cada uno de los guionistas nos adjudicó un color y él se reservó el negro, que aplicó con una escoba, para corregir lo que nosotros habíamos pintado momentos antes. Era, en grandes dimensiones, la misma actitud que condujo a Miró, en la última etapa de su vida como artista, a pintar sobre cuadros anónimos que adquiría en exposiciones provincianas.

Fotograma del film «Miró, l’altre», de Pere Portabella, 1969

Boceto del mural ejecutado en las ventanas del Col·legi Oficial d’Arquitectes de Catalunya i Balears para la exposición Miró, otro, 1969

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