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Lina Bo Bardi dibuja es una exposición que pone en valor el profundo sentimiento de conexión que la arquitecta tuvo con el dibujo. Más que una herramienta de diseño, para ella el dibujo era un medio expresivo primordial alimentado por un fuerte sentido de la curiosidad y la duda. En el siguiente artículo, Olga Subirós, arquitecta y comisaria de exposiciones, nos propone aproximarnos al trabajo de Lina Bo Bardi a través de sus recuerdos.

29_03_2019
Instalación del Circo Piolin en el mirador del Museu de Arte de São Paulo, 1972 © Instituto Lina Bo e P.M. Bardi

Piedra, papel y circo

En 2003, pasé dos semanas en São Paulo con mi hijo, que entonces tenía dos años y pico. Visitamos tres obras de Lina Bo Bardi: el Museo de Arte de São Paulo (MASP), la Casa de Cristal y el centro cultural SESC Pompeia. Fue un regalo poder ir con él.

Recuerdo llevarlo en brazos por la Casa de Cristal (1950-1951) sintiendo aquella emoción de subir por la escalera a una casa en lo alto de los árboles y encontrar un espacio diáfano lleno de objetos con el bosque de fondo. Nuestros ojos iban saltando de una pieza a otra en un espacio ideal para el descubrimiento. A la vez, mi pensamiento no podía dejar de asociar la casa con las Case Study Houses de Los Ángeles, especialmente la primera versión de la Case Study #8 de Ray y Charles Eames (1945). Ambas casas son la expresión del espíritu de que un nuevo mundo, después de la Segunda Guerra Mundial, era posible. Un mundo transparente, democrático, flexible y fluido donde la arquitectura sería prefabricada, barata, eficiente y bella.

 


Casa de Vidro, Lina Bo Bardi (1950-1951). © Instituto Lina Bo e P.M. Bardi

 

Case Study House #8, Ray y Charles Eames (1945). Dibujo publicado en Magazine Arts & Architecture, diciembre de 1945

Paseando por el jardín encontramos, escondida entre las plantas, la cabaña de madera pintada de verde, que había sido el estudio de Lina y que, en aquel momento, era la sede del Instituto Lina Bo Bardi. Tenía un aire de cabaña para pensar, para la concentración en el trabajo, en el diseño, como acto íntimo, jugar dibujando, pensar con las manos.

La visita al MASP nos dejó con la boca y los ojos abiertos. Creo que tuvimos la sensación simultánea de gravidez e ingravidez, la potencialidad de aquel espacio inmenso abriéndose a la ciudad bajo el amparo de aquella mole.

 

Perspectiva do Belvedere. MASP, Lina Bo Bardi (1957-1968). © Instituto Lina Bo e P.M. Bardi

 

Perspectiva do Belvedere indicando intalação do circo Piolim. MASP, Lina Bo Bardi (1957-1968). © Instituto Lina Bo e P.M. Bardi

Los croquis Perspectiva do Belvedere y Perspectiva do Belvedere indicando intalação do circo Piolim me transportan a aquel momento: uno nos muestra el vacío y el otro, la posibilidad de acoger cualquier tipo de evento, toda la potencialidad de un espacio público. Haciendo zoom en el dibujo, parece que Lina nos diga: «¿Piedra, papel o circo?», pero no tenemos que escoger, todo se nos ofrece con igual valor: naturaleza y artes. No es casual, lo entiendo como un manifiesto. Lina dibuja lo que es un espacio público, democrático, abierto a la fiesta y a la participación.

«Cuando el músico y poeta americano John Cage viajó a São Paulo, al pasar por la avenida Paulista mandó parar el coche junto al MASP, se bajó y, andando de un lado para otro del belvedere, levantó los brazos y exclamó: «¡Es la arquitectura de la libertad!». Acostumbrada a los elogios hacia el vano más grande del mundo con carga permanente cubierto en plano, a través del juicio del gran artista era posible comunicar aquello que fue primordial para mí al proyectar el MASP: el museo era NADA, era la eliminación de obstáculos, la capacidad de ser libre frente a las cosas.»[1]

En el interior del MASP, no había la propuesta de Lina Bo Bardi para la instalación de la colección de arte, pero la tenía grabada en mi memoria: la sala de exposición habitada por las obras donde Lina parece que nos invite a jugar a cara o cruz. Todas las obras nos reciben de cara, como una multitud que nos interpela esperando entrar en diálogo con nosotros, sin mediación. La cara es la experiencia pura de la obra y la cruz es donde Lina deja el espacio para la interpretación: el título, el autor, la fecha, la técnica. Es un juego al que nos invita a participar activamente. La liberación de la obra de arte de la pared es un ejercicio que Lina Bo Bardi ya había visto hacer a otros diseñadores, como Franco Albini. En Lina Bo Bardi, no se trata de un efecto de diseño interesante, sino que hay una intención más radical, que es entender la recepción del arte como la experiencia de ir al encuentro del otro, de lo desconocido, abiertos a la curiosidad y al asombro.

 

Pinacoteca del MASP. © Paulo Gasparini/Instituto Lina Bo e P.M. Bardi

 


Franco Albini, Pinacoteca di Brera, Mostra di Scipione e del Bianco e Nero, Milán (1941). Fotografía: colección de la Fondazione Franco Albini

Al centro cultural SESC Pompeia (1977-1986) volvimos tres días seguidos. No me imagino mejor forma de vivir el SESC que acompañada de mi hijo. Exploramos aquella especie de ciudad repleta de rincones y de actividad. Empezamos en la biblioteca, donde miramos cuentos en compañía de jugadores de ajedrez; fuimos a ver cómo practicaban deporte y nos animamos a bañarnos en la piscina; observamos a la gente yendo al centro de salud y nos sentamos a presenciar una pequeña obra de teatro en clave de humor para concienciar sobre las medidas de prevención contra las enfermedades de transmisión sexual; paseando por un espacio a modo de paisaje interior lleno de plantas, cruzamos un riachuelo que nos condujo a una exposición de Antoni Abad; visitando los talleres de artes y oficios nos ensuciamos la cara y las manos; compartimos mesa en el comedor y dormimos la siesta. A todos los veíamos como niños y niñas que jugaban y nos sentimos parte de ellos y, jugando, experimentamos un sentido de pertenencia al lugar. Lina Bo Bardi, haciendo casi nada lo consigue todo: una fábrica que había alojado un centro de producción y explotación pasa a ser un lugar que se abre a la vida, al intercambio, al cuidado, a la creación, a la educación, en definitiva a la cultura.

«Nadie modificó nada. Encontramos una fábrica con una estructura bellísima, arquitectónicamente importante, original: nadie la tocó. […] Sólo añadimos algunas cositas: un poco de agua, una chimenea. La idea inicial para la recuperación de este complejo fue la de “arquitectura pobre”, no en el sentido de indigencia, sino en el sentido artesanal, que expresa un grado máximo de Comunicación y Dignidad mediante los menores y más humildes medios.» (Lina Bo Bardi por escrito, p. 192)

Lina Bo Bardi nos invita a jugar. A jugar en el sentido más político y social del juego, con la creación de espacios públicos para la celebración de la convivencia y de los cuidados mutuos en el sentido más amplio. Jugar fundiéndonos en lo que nos rodea, sin jerarquías, donde presentación y representación, tradición y modernidad, donde lo vivo y lo inerte, lo humano y lo no humano, coexisten en libertad.

 

  
Nave de actividades del SESC Pompeia, Lina Bo Bardi (1977)  © Instituto Lina Bo e P.M. Bardi

 


Rio São Francisco do SESC Pompeia, São Paulo, 1977. Fotografía: Antônio Saggese

 

Logotipo del SESC Pompeia, Lina Bo Bardi (1977-1986) © Instituto Lina Bo e P.M. Bardi
Sunny Sunday at SESC Pompeia. Fotografía: Marcelo Ferraz

 

[1] Lina Bo Bardi, Una clase de arquitectura, Facultad de Arquitectura y Urbanismo de São Paulo, 1989. Fuente: «La gran vaca mecánica», de Mara Sánchez Llorens, publicado en la revista Circo 2010-161, Madrid.

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