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Hace cuatro años que Serafín Álvarez trabaja con alumnos de bachillerato artístico con el objetivo de acercarlos al arte contemporáneo, poniéndolos en contacto con procesos de trabajo profesional y fomentando un pensamiento crítico hacia la creación artística. Este curso, la pandemia lo ha trastornado todo.

Orbitando en una habitación

Gravitaciones es un proyecto de educación artística que inicié en 2016 en colaboración con la Fundació Joan Miró. De forma resumida, cada curso escolar nos aproximamos a algunos modos de hacer en arte contemporáneo con un grupo de bachillerato. Seguimos la programación del Espai 13, visitando las exposiciones, entablando contacto directo con artistas, comisarios y otros agentes y produciendo nuestros propios trabajos nacidos de las cosas que hemos visto, oído, pensado, dicho y discutido. A final de curso, organizamos una exposición en la propia Fundación con una selección de estos trabajos, y miramos atrás para valorar en retrospectiva todo lo que hemos vivido, desde la primera exposición que visitamos y que zarandeó con fuerza nuestras concepciones sobre el arte hasta esta última, nuestra propia muestra, que para muchos de los participantes supondrá la primera vez que exhiben públicamente sus creaciones. Una exposición final a la que llegamos tras mucho trabajo y una intensa curva emocional de nervios, excitación, estrés, dudas, cansancio y satisfacción.

En el terreno personal, uno de los aspectos que más me interesa de Gravitaciones es que nos permite experimentar de primera mano una miríada de procesos que normalmente son invisibles desde fuera, la gran masa sumergida del iceberg sin la que la punta no se sostendría. El contacto directo con profesionales y el idear, realizar y exponer nuestros propios trabajos nos da acceso a una infinidad de experiencias que la mayor parte del público de una exposición no acostumbra a conocer: ideas desechadas pero imprescindibles para la maduración del proyecto; influencias; ensayos y prototipos; momentos de excitación y momentos de crisis; obstáculos y soluciones; así como multitud de labores que van más allá de la producción de los trabajos expuestos y de personas que, con suerte, aparecen tímidamente en los créditos. Hablo de aspectos como son el montaje, la iluminación, la redacción de una hoja de sala, el diseño de un cartel, la comunicación, la documentación y un larguísimo etcétera. Un entramado complejo de ítems muy diversos que, después de haberlo vivido en primera persona, nos proporcionará una visión algo más amplia de lo que supone trabajar en arte, supondrá un colchón de base para seguir formándonos en este campo si así lo decidimos y nos dará herramientas para apreciar con mayor criterio cualquier actividad cultural.

Este curso 2019-2020, el proyecto Gravitaciones, como todo lo demás, se ha visto fuertemente afectado por el estado de emergencia declarado para intentar frenar la pandemia. De repente, sin apenas tiempo para reaccionar, nos vimos forzados a continuar con el proyecto a distancia y desde casa. Aquí me gustaría hacer una mención especial a Paco Rico y a Fanny Figueras, profesores del Instituto Moisès Broggi, el centro que ha participado en esta edición, así como a los estudiantes, ya que son ellos los que verdaderamente se han ocupado de que el proyecto siguiese adelante a pesar de las adversidades, poniendo inmensas dosis de energía, dedicación y constancia.

Al comienzo del curso, fuertemente inspirados por algunas de las bases conceptuales generales del ciclo Gira todo gira del Espai 13 en torno a la idea de producir pequeñas variaciones en la percepción de la realidad que permiten o provocan observarla de otras maneras, los y las participantes del proyecto trabajaron con empeño e ilusión cuestiones como los códigos socialmente presupuestos sobre la base de la edad (4dv1c3); el desdoblamiento, la sombra y el reflejo (Sense títol y Superficialitat); la adolescencia como rito de paso (Twirl y las dos obras tituladas Canvis); la experimentación formal en relación con motivos que aluden a la acción de girar presente en el título del ciclo y a la consiguiente desorientación (LaBucle y Cicles), y las alteraciones en la percepción sensorial del espacio físico, con el cuerpo como protagonista (Trencadís, Praileaitz).

Después, llegó el estado de emergencia. El desconcierto, la alteración de la percepción y la experiencia sesgada de la realidad dejaron de ser conceptos en torno a los que reflexionar para convertirse en experiencias muy reales con las que convivir. Los adolescentes han sido un sector de la población especialmente vulnerable al confinamiento. El distanciamiento social es totalmente contrario a la idea misma de adolescencia, al impulso y la necesidad de afirmarse a sí mismos como individuos más allá del nido familiar, de pasar tiempo con sus amigos, de correr riesgos, de experimentar y relacionarse con sus cuerpos y con sus emociones. El mundo de muchos adolescentes gira en torno a lo social, y este mundo se ha visto abruptamente truncado y ha dejado en la cuneta muchas relaciones personales y sentimentales, deseos y aspiraciones ante acontecimientos importantes que han sido frágilmente adaptados, inciertamente aplazados o directamente cancelados, y con ello han aumentado los riesgos de trastornos como la depresión o la ansiedad. En el primer bloque del proyecto, vimos que la adolescencia como rito de paso era un tema que inquietaba a gran parte de los participantes, y el confinamiento ha desmembrado este proceso.

La gran parte de trabajos producidos durante este periodo dan cuenta directa de estas cuestiones. «El conjunto de la obra representa la sensación de presión que uno puede sufrir cuando tiene ansiedad o un ataque de esta. Con más intensidad a causa de este confinamiento en el que no hay salida, escape o distracción de estos sentimientos», escribe Paula Parrilla sobre su obra Deal With. Casi todas las obras y las descripciones de sus compañeras y compañeros expresan inquietudes similares. La gran mayoría tratan sobre el encierro y el aislamiento, y tan solo unas pocas son capaces de mirar hacia fuera.

Durante este curso, hemos pasado de imaginarnos el mareo sugerido en el título del ciclo a la experiencia onírica de la vida confinada. La desestabilización resultaba mucho más excitante cuando la abordábamos de forma abstracta y controlada en el aula, junto a nuestras compañeras y compañeros, que ahora que nos venía impuesta en nuestra casa, encerrados junto a nuestras familias. Pero, a pesar de ello, ha sido un proceso interesante, si bien duro y extremo y, en algunos casos, catastrófico. Nos ha servido para adquirir nuevas perspectivas, para replantearnos la realidad desde la intimidad, para conocernos mejor a nosotros mismos y a nuestros parientes más cercanos, para poner el interés colectivo por encima de los intereses individuales y para dar un nuevo valor a cosas que nos han faltado y que antes dábamos por hechas. Quizás suene cínico, pero el confinamiento nos ha ayudado a madurar, por aquello de que de la adversidad nace la fuerza. Nos ha llevado a experimentar en nuestra piel y en nuestra psique aquellas «variaciones en lo reconocible y familiar» que proponía el discurso comisarial de Gira todo gira. El curso y el confinamiento han terminado, pero aún tenemos las secuelas del mareo, el suelo sigue inestable y aún no nos sentimos capaces de pisarlo con firmeza. Presentar a través de este blog una muestra de los trabajos que hemos realizado no acaba de satisfacer aquella ilusión que nos producía la idea de exponer en la Fundació Joan Miró, algo que dadas las circunstancias ha resultado imposible. Pero sí que nos permite dejar un registro de las sensaciones que hemos vivido, y que hemos expresado en estos trabajos. Y también nos permite mirar atrás y hacer balance de una intensa curva emocional.

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